La colocación de rejas, vallas o plumas, no sólo es ilegal, prohibida por la ley, sino que también es violatoria de derechos humanos porque limita la libre circulación, discrimina a las personas, dificulta su acceso, provoca fragmentación social, aísla y obstaculiza la movilidad. Además, provoca conflictos entre vecinos por la imposición de cuotas o la restricción a la circulación. Sin embargo, se ha vuelto costumbre porque aumenta la sensación de seguridad de quienes quedan al interior de esas rejas.

Desde hace casi diez años, yo vivo en una colonia artificialmente cerrada con rejas y cemento, y en la cual, además, existen casetas de vigilancia y sistemas de restricción vehicular que obligan a detenerse antes de poder ingresar.

La práctica, ha sido tolerada por las autoridades, que han sido omisas en atender el fondo del problema o implementar medidas efectivas que permitan incrementar la confianza de los vecinos respecto de los mecanismos de seguridad pública.

El día de hoy, acabo de recibir un correo electrónico firmado en conjunto por la Asociación de Colonos y el COPACI, en el cual mencionan, y cito “Les informamos que el Municipio nos ha notificado que colonos no activos le han solicitado que retiremos las casetas de vigilancia con las que cuenta el fraccionamiento. Su enojo es debido al tiempo que ellos hacen al ingresar al fraccionamiento porque no pueden tener acceso por la pluma automática debido a que se niegan a ser parte de la Asociación de Colonos y apoyarnos con las acciones que estamos llevando a cabo para la seguridad de nuestras familias y nuestro patrimonio…

Es muy lamentable tener que llegar a esto, pero sin lugar a dudas, era algo que tarde o temprano iba a pasar. Si bien es un hecho que la seguridad es el punto crucial que por ahora, ha dado sentido a la Asociación de Colonos, quienes vivimos en lugares así, no deberíamos creer que podemos estar por encima de las leyes que nos rigen. Eso de negar el paso a todo aquel que no es residente, infringe el Artículo 11 de nuestra Carta Magna, y eso incluye el uso de las áreas comunes como las banquetas, los jardines o las canchas. Además, nadie puede pedirnos nuestra identificación y menos quedársela o registrar nuestros datos personales.

Pero insisto, llevo aquí casi diez años y nunca habían llegado las cosas a un punto tan tenso. Por eso, apreciables lectores, los pongo en contexto con el chisme completo:

La actual presidencia de la Asociación de Colonos, ha llegado a establecer medidas tan absurdas como “negar el paso a perros ajenos al fraccionamiento” o revisar las cajuelas de los coches, e incluso, hacer una entrevista a todos los que entran, mientras apuntan manualmente el número de matrícula de la placa de cada coche, y todo de una forma ineficientemente lenta, pues lo realiza personal de una empresa de seguridad privada, carente de entrenamiento en todos los sentidos.

Esto que describo, es un ejemplo de la histeria colectiva y la falta de cultura cívica de quienes vivimos en esta colonia, que no es un condominio, y que por ello, sólo opera como un fraccionamiento cerrado porque así se hizo de manera artificial, pues el diseño original del trazo urbano, nunca fue pensado para limitar el paso entre esta zona y las colonias aledañas, que por cierto y en su mayoría, también están enrejadas.

Considero que los procedimientos que por ahora se exigen a quienes vienen o pasan por mi colonia, resultan tan minuciosos y son tan excesivos e invasivos de la privacidad, que por eso han debilitado la imagen y la influencia de la Asociación de Colonos, hasta el punto que podría desaparecer, lo cual irá en detrimento de la seguridad de quienes aquí vivimos, y con ello, de nuestra calidad de vida.

Creo que es momento de dar un giro de 180 grados, y paulatinamente ir sustituyendo a los vigilantes, por sistemas automatizados de videovigilancia mediante circuito cerrado, que permitan concentrar la supervisión en un centro de control de respuesta inmediata y con comunicación a los servicios de emergencia como la policía, los bomberos o la cruz roja.

La clave de no hacer fechorías, no es abrir cajuelas o someter a los vecinos a interrogatorios cada vez que entran o salen del fraccionamiento como si fueran delincuentes en un Ministerio Público, sino la capacidad disuasiva de los modernos sistemas de videovigilancia.

Los colonos deberíamos enfocarnos más en quitar coches que llevan meses e incluso años estacionados y abandonados, mantener recortados los árboles y los arbustos que obstruyen la visibilidad de nuestras calles y avenidas, y procurar más y mejor iluminación de los espacios comunes, pero sobre todo, ocuparnos en conocernos más, en saber quiénes son nuestros vecinos más cercanos, en vigilar y cuidarnos los unos a los otros.

Si se decide tener personal de vigilancia, éste debe pasar por estrictos controles de confianza, y ser nuestro conocido, con nombre y apellido, y no para tenerlos en casetas, sino para hacer rondines permanentes y para ubicarlos en puntos estratégicos.

No podemos creer que estamos más seguros por estar más encerrados, eso va en contra de la lógica de las teorías más avanzadas de control de espacios públicos. Si no me creen, les recomiendo leer el libro “Seguridad Total” de Ana María Salazar, publicado en 2008.

Suponer que personas sin entrenamiento ni capacitación en seguridad pública, pueden cumplir funciones de vigilancia o que serán capaces de reaccionar ante una contingencia, y menos si desconocemos quienes son o cuáles son sus antecedentes, es quizás nuestro mayor error.

La mejor vigilancia radica en mejorar la convivencia entre vecinos, conocer mejor a quienes viven junto a nuestras casas, y buscar que los fraccionamientos y quienes los representan, sean políticamente más activos y con mejor nivel de gestión en todas las instancias del gobierno.

Elevar nuestro nivel de convivencia y ser más tolerantes es la clave. Las asociaciones de vecinos deberían centrar su trabajo en fortalecer los lazos entre colonos con talleres, pláticas, cursos, exposiciones, eventos deportivos, colectas, etc. Las aportaciones deberían ser voluntarias, y usar ese dinero para gestionar la construcción de una casa de cultura, un teatro al aire libre, mejorar las condiciones de las canchas, etc.

Como es obvio, cerrase a creer que sólo lo que yo creo está bien, es el primer error de quien ostenta el liderazgo y ejerce algún tipo de poder, por ello, me sigue pareciendo muy abusivas las revisiones tan minuciosas y la reciente idea que tuvieron los líderes de la Asociación de vecinos de mi colonia, de publicar videos de los colonos que hacen algo en contra del sistema de vigilancia en un canal de YouTube, pues por más mal que esté lo que hagan quienes le gritan a los vigilantes, los amedrentan con armas o llegan a forzar las plumas, nuestro nuevo sistema de justicia penal implica, en particular, que se debe garantizar la presunción de inocencia como principio fundamental, y seguir el debido proceso para reducir el riesgo de impunidad.

En resumen, no se puede exigir el cumplimiento de la ley, violándola.

Los vecinos de este tipo de colonias deberíamos dejar de creernos lo que no somos. Si bien, no me refiero a barrios bravos o a alguna colonia irregular, este tipo de plumas y casetas se suelen colocar en calles de colonias de clase media, y vaya, al menos donde yo actualmente vivo, que yo sepa, no despacha el Presidente ni nadie de su gabinete, ni tampoco vive Carlos Slim o el dueño de Televisa. Es decir, no creo que a ninguno de mis vecinos le sobre el dinero ni las influencias, por eso creo que debemos dejar de creernos que podemos estar por encima de la ley. Ese México de no respetar las leyes, no nos conviene a nadie.

Si entendemos nuestra realidad, podremos visualizar mejor nuestro alcance y planear mejor nuestros objetivos.

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