Coincido con el escritor Juan Villoro en el sentido de que el futbol, es una excelente metáfora de la vida, pues no tiene guion ni sentido aparente. Durante un partido, un jugador puede meter un golazo y el árbitro se lo anula injustamente, del mismo modo en que, Stephen Hawking, la persona más inteligente del mundo, padece esclerosis lateral amiotrófica.

Otras veces, la casualidad te permite que, en el ánimo de centrar un balón, termines metiendo un golazo al ángulo y al poste contrario del portero, que, además, signifique una remontada épica, en un partido donde el rival te dominó casi todo el tiempo, igual que un día puedes ganar un sorteo, con un boleto que encontraste tirado en el suelo.

Ahora que literalmente me siento de la patada, y que es el futbol el que me tiene así, sin poder siquiera flexionar lo suficiente como para subir un escalón, pienso que es como le pasa al gran Ibraimovich, actual centro delantero del Manchester United, que siendo uno de los mejores futbolistas de la última década, no ha podido disputar un mundial.

Sí, ahora que empiezo a disfrutar las mieles de mi esfuerzo académico, el cuerpo me falló, así como la selección de Suecia, no ha podido ser lo suficientemente buena como para llevar al gran Slatan a disputar la fase final de la copa del mundo.

La vida siempre tiene sucesos inesperados, como la épica remontada del FC Barcelona sobre el equipo de la capital parisina, contra todas las predicciones y haciendo lo que nadie siquiera pudo imaginar.

A veces, sucede que hay que tomar medidas extremas para que se respete el estado de derecho, como lo que, a mi juicio, acertadamente hicieron los árbitros mexicanos al ver que se pisoteaba su ya de por sí, demeritado prestigio, ejemplo que deberían seguir los maestros mexicanos para demostrar que eso de que se les presione para no reprobar a nadie, a la larga, sólo cultiva el espíritu de la impunidad en las nuevas generaciones, que creen que pueden no hacer nada y aun así tener derecho a ser aprobados, igual que un par de futbolistas profesionales creyeron que podían comportarse como barbajanes ante la máxima autoridad en el campo, porque suponían que, como en otras ocasiones, saldrían impunes.

Bien dijo Carlos Monsiváis que, para entender correctamente a México y a los mexicanos, hay que ver futbol, seguir las novelas y venerar a la virgen de Guadalupe. Coincido con el gran Monsiváis, el futbol es sólo una gran metáfora de la idiosincrasia mexica, la misma que idealizan las telenovelas y que, a veces, sólo la fe guadalupana consuela al no hacerse realidad.

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