Hace como tres años, recibí un mensaje solicitando mi apoyo para regularizar a un joven que estaba a punto de perder su lugar para estudiar medicina en la UNAM; la razón, debía la asignatura de biología de tercero prepa.

Sé que suena curioso que un aspirante a seguir los pasos de Galeno o de Gustavo Baz, pase el examen de admisión a la carrera más demandada de la máxima casa de estudios de este país, y que al mismo tiempo, deba la materia que estudia el fenómeno al cual piensa dedicarse profesionalmente, pero así fue. El caso está que aun recuerdo ese sábado por la tarde, cuando el futuro aspirante a médico, literalmente estaba perdido en un laberinto de enzimas y reacciones, conocido con el rimbombante nombre de “metabolismo celular”.

Como suponen, su examen extraordinario era el siguiente lunes por la mañana, y como era casi imposible seguir ayudándolo por WhatsApp, terminé por acordar un curso express de bioquimica, mismo que abarcó casi todo el domingo, y que ayudó a pagar mi gasolina de esa semana.

Nos pasamos el día repasando su guía: desde la teoría celular y el metabolismo de las mitocondrias y los cloroplastos, hasta explicarle con legos (literal), cada uno de los pasos de la síntesis de proteínas; todo ello, aderezado con algunas rebanadas de pizza y uno que otro chiste, con música de fondo y botana. Eso es crear ambientes de aprendizaje y no pedazos, ¡carajo!”.

Habiéndo agotado todos los puntos del temario, mi alumno, al parecer, más seguro de sí mismo y por ello, muy agradecido con mi chamba, me hizo un comentario que me llenó de curiosidad; recuerdo que al despedirnos me dijo algo más o menos así: “usted, más que profe, parece un youtuber; es como el Chumel Torres de la ciencia”.

Entenderán que no me iba a quedar con la curiosidad, así que apenas llegué a casa, me puse a buscar al famoso Chumel Torres, y descubrí que este chavo tenía razón. Se trata de un tipo casi tan irreverente como yo, pero que, como suponen, no da clases de ciencia (aunque claro que podría). Su canal se trata de un peculiar noticiero conocido como “El pulso de la República“, donde para mi agrado, y para los casi dos millones que actualmente lo vemos, utiliza el mismo estilo que desde hace años, yo he perfeccionado como parte de mi sello docente.

En este canal, el carismático Chumel Torres, presenta semanalmente las mismas noticias que podrías leer en cualquier periódico, escuchar por la radio o ver en televisión. Se preguntarán,  y entonces, ¿que tiene de novedoso?, y la respuesta es simple: Chumel lo hace de forma irreverentemente divertida, con groserías, con frases intercaladas, gestos chistosos, cambios de voz y de entonación, y una que otra caracterización. Este informativo, va un paso más allá de lo que fuera el “notifiero” conocido con el sugerente nombre de “El mañanero” del genial Víctor Trujillo en su caracterización como Brozo, el payaso tenebroso, y que Televisa sacó del aire por el mismo motivo que MVS corrió a Carmen Aristegui de su programa de radio.”

El pulso de la República” es exitoso porque está alojado en el streaming de internet, es decir, que usted puede verlo cuando pueda o cuando quiera, y lo mejor de todo: NO TIENE MAYOR CENSURA que aquella que el mismo Chumel y su equipo se han establecido, y que es la de no hablar del crimen organizado (léase, instinto de supervivencia), ni hacer bromas de mal gusto sobre tragedias: digamos, no hacer la estupidez -por llamarlo menos- de muy mal tino y peor gusto, que sí hizo el payaso Platanito cuando incluyó en una presentación, un chiste sobre el lamentable hecho de los bebés que perdieron la vida, en el horrible caso de la Guardería ABC.

Siendo más justos, estamos hablando de una especie de late night show, pues el canal de Chumel Torres, lleva impresa la influencia de un Stephen Colbert, un John Stewart, un Jimmy Kimmel, o un Conan O’brien, y que, modestia aparte, es lo mismo que yo he tomado como mi modelo didactico al momento de estar frente a mis estudiantes.

Por eso, creo que me encantó este canal de YouTube, porque al igual que “Chumi Bebé” (como también se autonombra este genial conductor), pienso que esos modelos acartonados y en exceso formales, ya deberían ser cosa del pasado, pues sólo hacen lo mismo que el Ramayana o el poema del Mio Cid cuando te obligan a leerlos en la secundaria: terminas por odiar la lectura y por creer que la única forma de recibir información es siendo excesivamente formal y aburrido.

Quienes han sido mis alumnos, pueden dar testimonio de que lo que aquí refiero es cierto: soy un convencido de que la enseñanza en general, y de las ciencias en especial, debe ser primero, una experiencia divertida; debe partir de generar curiosidad y siempre, y sin excepción, debe ser capaz de asombrar al estudiante y de dejarlo con ganas de seguir aprendiendo. Es más, creo que un maestro del siglo XXI será exitoso, sólo si es capaz de convertir su clase en el tema de conversación de sus alumnos a la hora de la comida, es decir, si logra meterse en la mente de sus discípulos para despertar en ellos ese espíritu adormecido que los impulsa a querer hacer la tarea, y no sólo por cumplir, sino por descubrir si eso que vieron en clase es cierto o acaso, fue puro “choro” de su profesor”.

El pasado domingo tuve la fortuna de escuchar y de estrechar la mano del genial y muy talentoso Chumel Torres; el pretexto, la presentación de su primer libro: “La historia de la República“, recién publicado bajo el sello de editorial Aguilar; un libro que como él mismo lo aclaró durante su intervención,  es una muy breve introducción al tema de la historia de México, que, en el mejor de los casos, aspira a despertar la curiosidad de quienes lo lean (ahí les va la pedrada mi querida generación millenial), para saber más acerca de cada uno de los grandes episodios en la construcción de esta noble y siempre hermosa República Mexicana, porque, más allá de la multicitada frase de que “Aquel que no conoce su historia, está condenado a repetirla“, nos ofrece la mayor belleza del conocimiento de nuestro pasado, y que no es otra cosa, sino tener la conciencia de saber de donde venimos, para saber exactamente hacia donde queremos ir.

Para sorpresa de muchos de sus jóvenes seguidores, la presentación del libro de Chumel Torres, no fue un sketch o un monólogo similar a los que integran su canal de videos; fue una breve pero muy provechosa charla, por supuesto, no exenta de una que otra frase sarcástica o un chascarrillo, donde entre líneas, pude conocer mejor al ingeniero que decidió dejarlo todo para perseguir su corazonada  de ser quien siga los pasos de “Ponchito” (Andrés Bustamante) entrevistando a Rafael Sebastián Guillén Vicente (el Subcomandante “MARCOS”), y que ahora, con su primer libro, busca emular al genial Eduardo Humberto del Río García “RIUS”.

Chumel dice que tardó casi un año en escribir un texto que se lee en un par de horas, y debe ser cierto, porque yo, habitualmente me tardó varias horas, a veces días, en preparar una clase de acaso cubre cincuenta minutos.

Del libro, diré que no tiene desperdicio alguno, pues todo es muy divertido, y lo será más para quienes conozcan la historia. Vaya, es muy recomendable para los que aún no se han dado esa oportunidad, y que siguiendo el consejo del propio Chumel, pude ser el pretexto para despertar la curiosidad por leer a Miguel León Portilla, a Eduardo Matos, a Enrique Krauze, a Javier Garcíadiego, a Paco Ignacio Taibo II, a Pedro Salmerón, a Hector de Mauleón, al Dr. Zagal, a José Manuel Villalpando, a Alejandro Rosas o a Lorenzo Meyer; o al menos, para que lean las novelas de Francisco Martín Moreno, de Ángeles Mastreta,  de Carlos Fuentes o de mi tocayo, el divertido Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como “Catón”.

Yo no tengo HBO, por mucho, la cadena líder de la televisión por cable en el mundo, pero justamente ellos, ahora también tienen a Chumel Torres, por algo será, ¿no creen? Por eso, por ahora, seguiré viendolo en su canal de YouTube, con el gusto de descubrir que se trata de un tipazo, un talentoso mexicano, que no dudó en abrazar y besar a su padre delante de sus fans, con el orgullo de compartir con los suyos, antes que con nadie más, su éxito, su gusto de ser el centro de atención en el majestuoso Salón de Actos, del imponente Palacio de Minería del centro histórico de la Ciudad de México.

Vaya desde este humilde espacio, un abrazo sincero a Chumel Torres, que al parecer, tiene aún mucho por darnos, y que seguramente sigue descubriendo todo su potencial.

Dice que su siguiente libro será sobre la forma de ser de los mexicanos, pues siendo así, ojalá le guste mi descripción de “El Brallan“, ese mismo personaje que espero, lea “La historia de la República” de Chumel Torres.

Conocer a Chumel Torres, será algo que siempre recordaré con cariño, pues además de todo, ha sido mi primera salida desde la operación de mi rodilla hace poco más de un mes. #AhíLaLlevo.

Y por si tenían la duda, este chico por el cual descubrí “El pulso de la República“, actualmente va empezando el quinto semestre de medicina en C.U.

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