En los Evangelios se dice que llegaron buscando al “Rey de los Judíos”, y que venían de Oriente, pero nunca se aclara si eran tres, ni si eran reyes, y mucho menos si eran magos, es más, ni siquiera sabemos si sólo eran hombres, ni si uno era rubio, otro pelirrojo y otro negrito, que uno viniera en caballo, otro en camello y otro en un elefante. Aunque no lo parezca, la tradición de recibir la visita de los “Reyes Magos” para entregar regalos a los niños, es relativamente reciente, pues su origen apenas puede rastrearse a poco más de un siglo.

Ahora ya hasta se puede mandar un e-mail, pero a mí me tocó la época en que tenías que dejar tu cartita en un zapato, y éste cerca del nacimiento. Después te ibas a dormir, o al menos, a intentarlo, porque entre los nervios y la emoción, era difícil conciliar el sueño. Bajo la amenaza de mis padres de “si no te duermes, no van a venir”, me metía debajo de las cobijas, y trataba de dormir, algo que terminaba pasando varias horas después, seguramente más por cansancio que por ganas. Al otro día, de madrugada, despertabas nervioso y salías corriendo de la cama, aun medio dormido, y empezabas a ver la silueta de los regalos, con la emoción.

Sin embargo, al menos a mí, el encanto nunca me duro mucho, pues jamás me trajeron lo que yo quería. No niego que me divertía, que jugaba, pero año tras año, yo pedía una bicicleta, la cual, no se materializó. Les juro que procuraba no hacer travesuras, y que me esmeraba todo el año por hacer todo cuanto me ordenaban mis mayores, vaya hasta sacaba muy buenas calificaciones, pero inexplicablemente, si bien, siempre había un regalo, nunca era algo que yo hubiera pedido, que necesitara o que quería, y además, irremediablemente me decían “no te quejes, que al menos te trajeron algo”. Y sí, realmente no me podía quejar, pues al menos eran juguetes, porque a muchos de mis amigos, estos misteriosos magos, les dejaban ropa interior, calcetines o un suetercito.

Para mí, el peor año fue cuando recibí una guitarra española, fabricaba en Paracho Michoacán, y fue más simbólico porque justo ese año lo intenté como nunca, vaya hasta me hice monaguillo de la iglesia, ayudaba en obras de caridad y fui el más aplicado de mi clase, y aun así, en lugar de una bicicleta parecida a una moto chopera conocida como “vagabundo”, recibí una flamante guitarra de mariachi. Está de más decirles que la guitarra nunca fue lo mío, y que después de un año de intentar tocar el círculo de Do, me dí por vencido y el instrumento terminó siendo más propiedad de mi maestro de música, por cierto, un compadre de mi papá.

Luego de esa amarga experiencia, tuve mi etapa promiscuamente intelectual, donde empecé a cuestionarme la existencia de estos mágicos seres, con poderes sobrenaturales que les permitían visitar millones de casas en una sola noche, y entre eso, y la duda de imaginar un caballo, un camello y un elefante simbolizados por el cinturón de Orión en el firmamento, comencé a dudar de la existencia de estos magos.

El encanto terminó al año siguiente, cuando limpiando la casa, según yo, para darles una sorpresa a mis papás, en un mueble que siempre estaba vacío y atrás del escritorio de mi padre, encontré un montón de juguetes. No dije nada, me lo guardé, sólo para comprobar, meses después, que los Reyes Magos usaban ese espacio como bodega. El caso es que desde entonces, me convertí en ayudante de estos misteriosos magos, y mantuve esta relación laboral no sólo para con mis hermanas menores, sino también para mi sobrino.

Desde entonces creo que la magia de los Reyes Magos no radica en descubrir quiénes los encarnan, sino cómo hacen posible el milagro de que, con una crisis económica y de seguridad como la que actualmente vivimos, sigan haciendo su magia y perpetuando la ilusión.

bicicleta-vagabundo

Datos curiosos:

Tomado de: https://www.facebook.com/elbanquetedezagal/

  1. Los evangelios apócrifos son más coloridos al hablar de los Reyes: Aquí pasaje del “Evangelio árabe de la infancia de Jesús: “Y la noche misma en que el Señor Jesús nació en Bethlehem (…) un ángel guardián fue enviado a Persia. Y apareció a las gentes del país bajo la forma de una estrella muy brillante que iluminaba toda la tierra de los persas. Y, como el 25 del primer kanun había gran fiesta entre todos los persas, adoradores del fuego y de las estrellas, todos los magos, en pomposo aparato, celebraban magníficamente su solemnidad, cuando de súbito una luz vivísima brilló sobre sus cabezas. Y, dejando sus reyes, sus festines, todas sus diversiones y abandonando sus moradas, salieron a gozar del espectáculo insólito. Y vieron que una estrella ardiente se había levantado sobre Persia, que, por su claridad se parecía a un gran sol. Y los reyes dijeron a los sacerdotes en su lengua: ¿qué es este signo que observamos? Y, como por adivinación, contestaron, sin quererlo: ha nacido el rey de reyes, el dios de dioses, la luz emanada de la luz. Y he aquí que uno de los dioses ha venido a anunciarnos su nacimiento, para que vayamos a ofrecerle presentes, y a adorarlo.
  2. ¿Conocen la leyenda del cuarto rey mago? Era Artabán. Le llevaba un diamante, un jaspe y un rubí al Niño Jesús. Los cuatro reyes magos habían acordado encontrarse en un punto para viajar juntos. Artabán va hacia el punto encuentro, pero se topa con un anciano a quien acaban de asaltar. El monarca se detiene, lo cura y le regala el diamante. Llega tarde y sus compañeros de viaje partieron ya. Artabán corre hacia Belén. Jesús y sus padres huyeron a Egipto. Artabán ve a  los soldados de Herodes asesinando niños. El rey salva a un niño sobornando a un soldado con el rubí; pero  Herodes lo encarcela por treinta años. Cuando sale de la prisión, escucha  que crucificarán a Jesús y Artabán se dirige al Gólgota. En el camino, ve a una muchacha en desgracia y la ayuda con el jaspe, que  conservaba escondido en su turbante. Corre hacia el Calvario. Jesús está muerto. Artabán llora amargamente. Siempre llegó tarde. Esa noche, Artabán muere y se encuentra con Jesús en el cielo. El rey intenta disculparse.  Jesús sonríe. “Siempre que ayudaste a un anciano, a a un enfermo, a un desvalido, me adoraste a mí”.
  3. En la Catedral de Colonia, en Alemania, hay un relicario triple, dorado, el más grande del mundo; en el cual, según dicen, se contienen los restos de los tres reyes magos. En el evangelio de Mateo reciben el nombre griego de magoi que significa astrónomos, sabios. Sobre cuántos eran, las versiones no se ponen de acuerdo. Lo que es claro, es que venían de oriente. Los evangelios apócrifos profundizan más en el tema de estos visitantes. Ustedes, ¿qué pidieron a los reyes magos? No me digan que gasolina…