Muchos de quienes hacen el favor de seguir las publicaciones de este blog, en particular aquellos que no son docentes, en especial quienes son padres de familia con hijos en edad escolar, me han pedido a través de sus atentos mensajes, que les explique algo que en varias de mis publicaciones ha sido tema recurrente de debate y crítica, me refiero, por supuesto, al modelo educativo conocido como “Enseñanza por Competencias”.

Este modelo tiene su origen en las investigaciones realizadas por Howard Gardner, un psicólogo de la Universidad de Harvard, quien haciendo un análisis de las capacidades cognitivas en menores y adultos, llegó a la conclusión de que no existe un solo tipo de inteligencia. Para 1983, Gardner propuso un concepto revolucionario, el de las ‘inteligencias múltiples’ (Frames of Mind), según el cual, la inteligencia ya no era vista como algo unitario, sino como una potencialidad combinada que puede desarrollarse y crecer (o decrecer) a lo largo de la vida del individuo. Gardner fue el primer autor en defender la idea de que las personas somos diferentes y que tenemos varias formas de pensar y, por ende, diversas maneras de aprender, y en este sentido, se convirtió de golpe y porrazo, en el gran aliado de muchos niños y adolescentes que hasta entonces, habían sido calificados de “tontos” sólo porque eran buenos para el deporte, el arte o para las relaciones sociales, pero muy malos para las matemáticas.

Esta teoría demostró lo que todos los docentes ya sospechábamos de manera intuitiva: que cada alumno es único, que unos aprenden los conceptos con rapidez mientras que otros necesitan más tiempo o más repetición, y puesto que es humanamente imposible pretender saber todo siquiera de un tema en particular, no será más inteligente quien sabe más información, sino aquel que sabe cómo utilizarla.

Para ser un poco más explícito, tomaré un ejemplo que escuché en una divertidísia y por ello, muy recomendable conferencia de Rodolfo Riva Palacio-Alatriste, el creador de Huevocartoon.com®.

Supongamos que estamos en un mundo de fantasía, donde usted debe escoger a un delantero para un equipo de futbol, y a un científico para liderar un proyecto de investigación sobre física moderna. No pierda de vista que se trata de un mundo de fantasía, donde no hay límites, entonces, para centro delantero, usted selecciona a Cristiano Ronaldo, y para el laboratorio de Física, usted decide que Stephen Hawking, es la mejor opción. Hasta ahí, todo suena muy lógico. Ahora digamos que, sin querer, es decir, por una confusión, las cartas de invitación a éstos personajes se revuelven, y Cristiano Ronaldo termina en la Universidad de Cambridge, y Stephen Hawking en el Estadio Santiago Bernabéu enfundado en la camiseta del Real Madrid. Nadie duda de la capacidad de cada uno de estos extraordinarios seres humanos, de su gran potencialidad y de su capacidad más que probada para sus respectivas cualidades, sin embargo, lo más seguro es que “CR7” (como también se le suele decir a Cristiano Ronaldo) y Stephen Hawking, terminen por ser considerados como ineptos o hasta torpes en esos ambientes ajenos a sus habilidades. En resumen, Ronaldo sería considerado poco menos que un imbécil en el laboratorio de Física Teórica de la Universidad de Cambridge, y por obvias razones, Stephen Hawking, simplemente nunca podría siquiera debutar con el Real Madrid. Este simple ejemplo, sirve para demostrar lo que se ha dicho que en su momento dijo el mismísimo Albert Einstein: “Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil“. O como lo dice Rodolfo Riva Palacio en sus conferencias, “un pendejo, no es otra cosa, que un genio fuera de contexto”.

que-pex-pez

En México, la adopción en particular de la educación por competencias no se ha dado con la misma rapidez ni profundidad que en otros países[1], quizás por ello, un importante número de empresas reporta que los jóvenes egresados de las universidades mexicanas, al momento de ser contratados, no poseen un nivel mínimo necesario en competencias tan básicas como “comunicación por escrito”, “comprensión de textos”, o “hablar en público”.[2]

Si bien esto es ya de por sí bastante grave, la cuestión es más complicada, pues un joven, al no haber logrado desarrollar esas competencias “básicas” durante toda su estancia en el sistema educativo, probablemente tampoco habrá desarrollado competencias más complejas. Es decir, si la formación de un estudiante en comunicación lingüística es endeble, seguramente se enfrentará con grandes dificultades más adelante al tratar de comunicar sus ideas, lo que repercutirá sobre una serie de competencias aún más sofisticadas como vender, negociar, resolver conflictos o argumentar. En otras palabras, si no se aprendió a caminar, difícilmente podrá correr.

En los planes de estudio tradicionales, los docentes nos enfocábamos sólo en cubrir el temario de una asignatura en particular, y fue muy eficiente mientras las personas aún requerían de mucha información y de destrezas específicas para conseguir un trabajo en particular. Sin embargo, el mundo está en una transformación continua y ya no es pertinente centrarse sólo en los contenidos. En los tiempos actuales, es clave comenzar a formar a los estudiantes para ser competentes en la sociedad del conocimiento. Surge entonces la pregunta, ¿Qué es ser competente?, ¿Qué debemos entender por competencia[3]?

En el ámbito educativo, no existe una definición única y consensuada respecto de este concepto, pues hay quien le atribuye más peso a los conocimientos, quienes la definen como un conjunto de capacidades, habilidades y destrezas, o a las actitudes y valores. Lo cierto es que competencia no tiene nada que ver con rivales y enfrentamientos deportivos, sino con la capacidad para recuperar los conocimientos y experiencias, aprender en equipo y de ser capaz de lograr una adecuada y enriquecedora interacción con los otros. Sin embargo, hay ciertos rasgos que son comunes en todas las definiciones que se dan al interior de este enfoque:

La competencia hace referencia a la capacidad o conjunto de capacidades que se consiguen por la movilización combinada e interrelacionada de conocimientos, habilidades, actitudes, valores, motivaciones y destrezas, además de ciertas disposiciones para aprender y saber.

Alguien se considera competente debido a que, al resolver un problema o una cuestión, moviliza esa serie combinada de factores en un contexto o situación concreta.

El enfoque por competencias tiene que ver con el desarrollo y educación para la vida personal; así como la autorrealización de los niños y jóvenes.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE)[4], se entiende por “competencias” a aquellas habilidades y capacidades adquiridas a través de un esfuerzo deliberado y sistemático por llevar a cabo actividades complejas. Es decir, es la capacidad que se consigue al combinar conocimientos, habilidades, actitudes y motivaciones, que son aplicadas en un determinado contexto: en la educación, el trabajo o el desarrollo personal.

En otras palabras, la manifestación de una competencia revela la puesta en práctica de conocimientos, habilidades, actitudes y valores para el logro de propósitos en contextos y situaciones diversas[5].

El modelo pretende una formación que vaya más allá de la simple memorización o aplicación de conocimientos de forma instrumental en situaciones dadas. Seguir este enfoque es comprometerse con una docencia de calidad, para lograr una formación integral y holística de las personas[6].

Las competencias no son en sí mismas sólo conocimientos, habilidades o actitudes, aunque movilizan, integran y orquestan tales recursos. Esta movilización sólo resulta pertinente en una situación en particular, y cada situación es única, aunque se le pueda tratar por analogía con otras ya conocidas.

competencia-sep

El ejercicio de la competencia pasa por operaciones mentales complejas sostenidas por esquemas de pensamiento, que permiten determinar y realizar una acción relativamente adaptada a la situación, y, por lo tanto, no está limitada a elementos cognitivos (uso de teorías, conceptos o conocimientos implícitos), sino que abarca tanto habilidades técnicas, como atributos interpersonales.

En este sentido, la UNESCO ha destacado desde finales de la década pasada[7], que la educación debe ser integral y a lo largo de la vida, basada en cuatro pilares de la vida: con conocimientos científicos (aprender a conocer), con destrezas profesionales (aprender a hacer), con valores y principios éticos (aprender a ser), y en el ejercicio pleno de la responsabilidad ciudadana (aprender a convivir).

En este sentido, las competencias son un enfoque para la educación, y no un modelo pedagógico para orientar los procesos educativos y, por tanto, deben apropiarse con espíritu crítico y flexible, haciendo posible:

  • La integración de los conocimientos, los procesos cognoscitivos, las destrezas, las habilidades, los valores y las actitudes en el desempeño ante actividades y problemas;
  • La construcción de los programas de formación acorde con los requerimiento disciplinares, investigativos, profesionales, sociales, ambientales y laborales del contexto;
  • La orientación de la educación por medio de estándares e indicadores de calidad en todos sus procesos.

Por esta razón, a quienes ejercemos la docencia ya no solamente se nos pide conocer los contenidos de una disciplina y organizar su enseñanza, sino que además debemos tener la habilidad para diseñar situaciones de aprendizajes abiertas, que partiendo de los intereses de los alumnos los implique en procesos de búsqueda y resolución de problemas.

La competencia didáctica de partir de los conocimientos previos de los alumnos y de considerar los errores como parte del aprendizaje, se completa con la capacidad fundamental del saber comunicar entusiasmo por el deseo de saber, implicando a los alumnos en actividades de investigación o proyectos de conocimiento pero sin caer en la exageración de que sean ellos quienes investiguen todos el tema y nosotros nos limitemos a corregir sus errores durante una exposición.

A la competencia tradicional de hacer el seguimiento de la progresión de los aprendizajes eligiendo buenos ejercicios, estandarizados en libros y aplicando evaluaciones de carácter formativo, se suma ahora la capacidad del docente para ser capaz de gestionar la progresión de los aprendizajes de cada uno de sus alumnos pero practicando una pedagogía de situaciones problema.

Al ser estas situaciones de carácter abierto el docente ha de tener la capacidad de saber regular dichas situaciones, ajustándose a las posibilidades del grupo. Para ello es necesario controlar los mecanismos de las didácticas de las disciplinas y las fases del desarrollo intelectual. Al mismo tiempo, la competencia específica de tener una panorámica longitudinal de los objetivos de la enseñanza supera la visión limitada de los profesores que se centran en un solo ciclo. El autor considera que el trabajo en equipo es indispensable para superar ese conocimiento parcial de los objetivos. También reconoce que gestionar la progresión de los aprendizajes considerando la realidad de la ratio alumno/profesor, no es fácil y exige competencias en ingeniería de la enseñanza-aprendizaje, la evaluación y el seguimiento individualizado.

En este sentido, es muy recomendable que leas el texto de Philippe Perrenoud “Las diez nuevas competencias para enseñar”[8], que se ha vuelto un clásico para quienes estudian el fenómeno educativo. La intencionalidad de esta obra es describir las competencias del futuro profesor ideal, las cuales deberían ser los ejes básicos sobre los que se confeccionen los programas de formación docente[9].

Todo esto suena muy bien, sin embargo, el punto de quiebre ha sido la capacitación del colectivo docente para modificar el estilo de enseñanza, pero sobre todo, el modelo de evaluación, que bajo este enfoque por competencias, debe ser un proceso sistemático y permanente mediante el cual, se recopilan evidencias de aprendizaje que permitan realizar un juicio o dictamen del desempeño del estudiante, y por ende, de su nivel de competencia. Al respecto, en Latinoamérica, y México no es la excepción, el punto de referencia han sido los trabajos del colombiano Sergio Tobón.

El Dr. Tobón, ha desarrollado toda una serie de documentos que han facilitado desde la planeación de clases, la enseñanza y hasta la evaluación en el modelo por competencias, sin embargo, y esto lo digo a título personal, las condiciones en que operan la mayoría de las escuelas en México, hacen que muchas de las propuestas de Tobón resulten prácticamente imposibles de seguir, ya sea por cuestiones de infraestructura o porque los docentes han caído en sobresaturar a sus estudiantes con la técnica de aprendizaje basado en problemas o el aprendizaje por proyectos, cosas que indiscriminadamente y sin mucho sentido pedagógico, se aplican desde los primeros años del preescolar y la primaria.

Sin embargo, lo que yo puedo criticar de la propuesta de Tobón, es que da muchísima importancia al trabajo en equipo, y pone demasiado énfasis en el desarrollo de proyectos, y no es para menos, pues el mundo laboral exige cada vez más gente preparada para la acción y para realizar muchas cosas al mismo tiempo, y con una gran habilidad para integrarse a equipos de trabajo, sin embargo, yo soy de los que reflexiono mejor y soy más creativo, justamente cuando estoy aislado, y más aun, cuando me concentro en una sola cosa. Para mí, la soledad ha sido el ingrediente crucial de la creatividad, ejemplo de ello son mis tesis, los poemas, los versos, los ensayos y los manuales que he desarrollado a lo largo de mi vida. Mucho tiempo pensé que eso era un defecto, hasta que descubrí que Charles Darwin daba largas caminatas y que sistemáticamente rechazaba invitaciones a eventos sociales, y su producción científica es incuestionablemente de lo mejor que ha logrado un ser humano en su paso por este planeta. Aparentemente, la soledad es la manera que algunos tenemos de abrirnos al pensamiento propio y original, y desde ese punto de vista, hay mucho que criticarle al modelo de la enseñanza basada en competencias.

En una próxima entrada de este blog, prometo escribir una compilación de las más severas y mejor fundamentadas críticas que he leído sobre este modelo formativo. Por ahora y como siempre, agradezco sus comentarios y el favor de compartir esta información con quienes consideren que les pueda ser de utilidad.

frato-formacion-docente

[1] Mientras que Alemania, Australia, Estados Unidos e Inglaterra –por citar algunos países– llevan ya varias décadas trabajando en este paradigma, en México su implementación ha sido gradual e incompleta. Diversas experiencias en varios países latinoamericanos como Chile, Colombia, Argentina o Brasil, muestran que este enfoque, cuando se instrumenta con rigurosidad y profundidad, hace contribuciones muy importantes para superar diversos problemas de la educación tradicional.

[2] Encuesta de Competencias 2014 D.R. 2014, Centro de Investigación para el Desarrollo, A.C. (CIDAC) http://www.corporativostr.com/assets/encuesta_competencias_profesionales_270214.pdf

[3] La palabra competencia (del latín competentia) tiene dos grandes vertientes: por un lado, hace referencia al enfrentamiento o a la contienda que llevan a cabo dos o más sujetos respecto a algo, o a la rivalidad entre aquellos que pretenden acceder a lo mismo, a la realidad que viven las empresas que luchan en un determinado sector del mercado al vender o demandar un mismo bien o servicio, y a la competición deportiva.

[4] OECD. Towards an OECD Skills Strategy. 2010. http://www.oecd.org/edu/47769000.pdf

[5] Perrenoud, PH (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. Barcelona, Graó. 159 pp

[6] Esta orientación educativa no es completamente nueva, pues desde la década de los noventa, el constructivismo adoptado en los programas de estudio, apuntaba ya en esta dirección.

[7] Delors, J. (1996.): “Los cuatro pilares de la educación” en La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI, Madrid, España: Santillana/UNESCO. pp. 91-103.

[8] Perrenoud, PH (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. Barcelona, Graó. 159 pp El libro reúne una docena de artículos publicados en la Revista de la Société Pédagogique Romande, L’ Èducateur, durante los años 1997 y 1998.

[9] 1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje; 2. Gestionar la progresión de los aprendizajes; 3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación; 4. Implicar a los alumnos en su aprendizaje y en su trabajo; 5. Trabajar en equipo; 6. Participar en la gestión de la escuela; 7. Informar e implicar a los padres; 8. Utilizar las nuevas tecnologías; 9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión; y 10. Organizar la propia formación continua.