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Los días 3, 4 y 5 de agosto de 2012, la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Mexicano de la Juventud, organizaron una Feria de la Educación Superior a la que pomposamente llamaron “Más Opciones”. Esta feria reunió alrededor de cien instituciones públicas y particulares de educación superior, y fue organizada en respuesta a la demanda social de muchísimos jóvenes que buscaban otra opción para estudiar una carrera profesional en la Zona Metropolitana del Valle de México. Según datos oficiales, dicho evento, ocurrido en la majestuosa Biblioteca Vasconcelos, logró convocar a cerca de 35 mil personas, y concretar casi 5 mil solicitudes de preinscripción, de las cuales, casi quinientas, fueron para ingresar a la UTFV.

En esa entonces, yo tenía escasas semanas de haber asumido el cargo que actualmente ostento, y no sé si por eso, me “eligieron” para ser responsable del módulo que la UTFV pondría en dicha exposición. La instrucción que entonces recibí, fue la de dar a conocer la oferta educativa, haciendo énfasis en las las bondades del modelo educativo, y obviamente, facilitando los requisitos de ingreso sin examen de admisión, asegurando el turno matutino y otorgando becas y descuentos. En resumen, el objetivo era captar matrícula, pues desgraciadamente, los políticos siguen creyendo que el apoyo a una institución educativa, sólo se determina por la cantidad de masa que son capaces de matricular.

Para ello, la universidad me arropó  con una gigantesca pantalla donde permanentemente se proyectaba el video promocional de la UTFV, me adornaron el stand con impresos de las carreras, y me habilitaron un módulo donde se regalaban folletos, trípticos y algunos productos promocionales. Sinceramente confieso que para mí, inexperto en este tipo de eventos, “Mas Opciones” me pareció más como una vendimia como la que organizan las agencias de viajes para vender paquetes de hoteles para pasar las vacaciones.

A pesar de la gente y de la incomodidad propia de hacer labor de venta, la actividad era divertida, pues me encontraba rodeado de entusiastas estudiantes, personal del Departamento de Prensa y Difusión, y hasta la botarga de la institución, sin embargo, ya para eso del medio día del domingo 5 de agosto, todo se había convertido en un conteo regresivo para terminar cuanto antes con esta labor repetitiva y tediosa, y quizás por ello, intelectual y físicamente muy desgastante.

Recuerdo que alrededor de las 3 de la tarde de ese domingo, pasó una de las autoridades de la SEP que nos supervisaban, quien nos avisó que ya no había gente formada, y que por ello, podíamos empezar a desmontar. Justo en ese momento, se acercó al módulo un muchacho de complexión delgada pero atlética, que traía puesta una gorra y que miraba todo con mucha atención; me preguntó acerca de la carrera de Nanotecnología. Le dí una breve explicación, confieso que yo lo que quería era irme cuanto antes, pero al ver el brillo de sus ojos y su cada vez más entusiasta interés, lo que hubiera sido breve, se convirtió en una amena charla de varios minutos. Este carismático joven, evidenciaba un interés poco común, que se notaba por las preguntas que me hacía y por la manera insistente en que revisaba el folleto que le dí. Me aseguró que iría a la universidad para inscribirse, y les juro que yo pensé que como muchos otros, quizás sólo estaba aprovechando la ocasión para llevarse algo más que un folleto, pues de hecho, recuerdo que fue el último de esa interminable lista de candidatos que nos dejaban sus datos personales, y que por ello, se llevaban una gorra de la escuela, una pluma y un puñado de caramelos.

Ese muchacho de quien ahora les escribo, es Paco Tello, un chico que por los avatares que tiene la vida, tuvo que abandonar sus estudios, y que pasó varios años sin poder reincorporarse al sistema educativo. Un joven de clase media que buscaba una nueva oportunidad. 

Como han de suponer, Paco no sólo cumplió su promesa de inscribirse en la carrera de Nanotecnología, sino que se convirtió en uno de los más grandes e importantes estudiantes que han pasado por esta institución, que vale decirlo, conforma su matrícula, en su gran mayoría, con estudiantes rechazados de la UNAM, el IPN, la UAM o la UAEM, y con un modelo originalmente pensado para formar obreros calificados, no científicos.

Paco, es parte de una de las más emblemáticas generaciones de alumnos que han cursado sus estudios bajo mi responsabilidad y bajo la guía de mi excelente grupo de docentes.

Paco, es actualmente egresado de la UTFV, y estudiante del programa de Doctorado en Nanotecnología que se imparte en el IPN; es un muchacho que dejó de ver sus deficiencias académicas como eso, para convertirlas en áreas de oportunidad, que nunca se quejó de la falta de equipamiento o de reactivos, o de que algunos de sus profesores fueran tan chafas como yo.

Paco, al igual que sus entusiastas y talentosos compañeros de salón, superó las carencias y deficiencias propias de una carrera nueva en una institución pública, para transformar su experiencia universitaria en la mejor oportunidad que le dio la vida para cumplir sus objetivos; que siempre aprovechó las horas “libres” para transformarlas en momentos idóneos para hacer círculos de estudio, donde generosamente, él y sus compañeros se ayudaban  entre sí.

Ayer escribí una nota que para muchos de mis estudiantes pudo haber resultado un golpe duro a su autoestima, y un bajón a su ego mal encausado. Por eso, quiero cerrar esta anécdota que ahora les comparto, con el texto íntegro de una carta que el propio Paco escribió hace casi ya dos años. Es un poco extensa, sin embargo, su lectura no tiene desperdicio alguno. Al menos yo, confieso que la he leído cada vez que por diversas circunstancias, he estado a punto de “aventar la toalla”.

Un muchacho que llegó con la moral golpeada pero con el espíritu invatible. Paco pasó de ser sólo un aspirante a ingeniero, para convertirse en brcario de la NASA. Un chico que la psicología definiría como un ser resiliente, y que yo, simple y llanamente, considero como el ejemplo vivo del “Como sí” se pueden hacer las cosas, del cómo todo depende de la manera en que afrontamos los retos que el destino nos pone.

Fotos actuales de Paco Tello en su doctorado.

Espero que la disfruten tanto como yo.


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Febrero de 2015.

Durante mi trayectoria en la Ingeniería en Nanotecnología de la Universidad Tecnológica Fidel Velázquez, he tenido excelentes profesores que a mí y a mis compañeros, nos motivan a atrevernos a realizar cosas diferentes e intentar cosas nuevas. Quizás por ello, decidí concursar por una beca para un curso de microscopía electrónica avanzada en la Universidad de Texas en San Antonio (UTSA), sin entonces ser plenamente consciente de que estaba compitiendo por un lugar destinado originalmente para estudiantes de posgrado.
Mi estancia en San Antonio, fue muy grata, pues desde que llegué a la UTSA, fui recibido de manera muy cordial por parte de la coordinadora, la Dra. Paloma Perry y por el Dr. Miguel José Yacamán, quién, junto con su equipo de colaboradores, todos ellos investigadores y estudiantes de posgrado, siempre estuvieron al pendiente que todas las actividades que planearon, salieran muy bien.
El taller, plagado de conferencias y prácticas, me permitió darme cuenta, entre otras cosas, de que el campo de la investigación científica es un área muy estricta y muy competitiva, donde las nacionalidades pasan a segundo término, pues lo que se valora es tu capacidad de pensar, de ser creativo, de resolver problemas, de afrontar los retos y de aplicar el razonamiento lógico, metódico y puntual.
Además, la convivencia con alumnos de posgrado de otros países, en especial con estudiantes latinoamericanos de varias especialidades, me dejó claro que la investigación científica en esta zona del mundo, requiere de estar al pendiente de las becas, de poder obtener apoyos o de recibir beneficios, y que todo eso gira alrededor de tener la habilidad de ir cultivando una línea de investigación desde que uno está en la licenciatura.
Una parte muy importante del taller, fueron las conferencias dictadas por expertos de Japón, España, Suecia, Alemania y claro, también de México y los Estados Unidos, quienes no escatimaron en darnos a conocer los avances de sus investigaciones y las posibles tendencias de cada campo de sus áreas de especialidad. Particularmente, llamaron mi atención los trabajos del Dr. Ben Lich, un investigador holandés que realiza innovaciones en la criomicroscopía o microscopía en frío, que es una técnica que facilita el estudio de los seres vivos a nivel celular y que tiene un enorme potencial de aplicaciones que van desde la salud, hasta el mejoramiento de cultivos, la conservación de la biodiversidad o la reducción de la contaminación.
Otra de las cosas que me llamó mucho la atención de los compañeros del taller, en su mayoría físicos o ingenieros, es que simultáneamente están trabajando en dos o tres proyectos. Esto me sorprendió mucho, porqué me di cuenta que estamos formándonos para competir contra estudiantes que todo el tiempo están compitiéndo con ellos mismos y con otros alrededor del mundo, para ganar apoyos y obtener financiamientos o becas para seguir preparándose.
También me llamó la atención que los estudiantes japoneses, aparte de que son muy respetuosos y muy amables, y que particularmente se esmeran por ayudarte y por ser solidarios y empáticos hacia tus necesidades, son muy hábiles para comunicarse en inglés, al punto de que, de no ser por sus rasgos físicos, nunca te darías cuenta de su condición de extranjeros.
Otro dato curioso que no quiero omitir en esta breve nota, es que independientemente del equipamiento de última generación con que cuentan en los laboratorios de la UTSA -entre ellos, un microscopio FIB-SEM, de lo más avanzado en su tipo-, la vida cotidiana de los alumnos de esta universidad, es muy diferente a lo que yo mismo hago como parte de mi rutina universitaria. En la UTSA, desde muy temprano, es común ver grupos de alumnos que realizan ejercicio, particularmente corredores individuales o en pequeños grupos, que se imponen al frío gélido del invierno texano, y que así también, al terminar su jornada de clases, por la tarde, nuevamente se ponen a entrenar como si fueran parte de las selecciones deportivas de su escuela, y que por si esto fuera poco, cierran sus días haciendo tareas en la biblioteca o en grupos de trabajo donde se les observa realizando proyectos, subrayando fotocopias o resolviendo series de problemas. En una palabra, se respira un ambiente académico por donde quiera que uno voltea alrededor del campus universitario, que vale decirlo, tiene espacios arquitectónicamente muy bonitos, pero sobre todo, muy cuidados.
En esos momentos entendí la razón de la insistencia de nuestro Director, el Mtro. Armando Ávila Dorador, que siempre nos está diciendo que hagamos algo académico en nuestros tiempos libres, que aprovechemos para leer, para hacer tareas o para pasar más tiempo en el laboratorio. Y me quedó claro por qué es tan incisivo en eso de que cuidemos nuestra apariencia, nuestro lenguaje y nuestra imagen de universitarios de tiempo completo, que hagamos ejercicio, que nuestra bata esté impecable o que no usemos el piso como asiento y que cuidemos las instalaciones.
En resumen, este viaje me ha dado una perspectiva más clara de la gran oportunidad que tengo a cada instante de mi trayecto como estudiante de una carrera científica, que debo prepárame más, que siempre hay algo nuevo que aprender, y que la competencia no está en tu país o en tus compañeros, está en el mundo entero, donde el trabajo y la investigación también están globalizados.
Me ha quedado en claro que tengo que redoblar mis esfuerzos y seguir estudiando, para alcanzar estudios de posgrado y obtener un doctorado que me permita regresar a mi país y a mi gente, y en especial a quienes han confiado en mí, algo de lo mucho que he recibido.
Finalmente quiero dar las gracias a la Coordinadora del taller, la Dra. Paloma Perry, por todo su apoyo, al Dr. Yacamán, un gran físico mexicano egresado de la UNAM, quien además de ser una gran persona, confió en mi propuesta y me distinguió con esta beca que estoy seguro, es un parteaguas en mi vida personal y académica, y por supuesto, quiero agradecer al Rector de la UTFV, el Mtro. Enrique Riva Palacio Galicia, quien en un gesto de infinita generosidad, me apoyó para que recibiera un estímulo económico por parte de la UTFV, lo que hizo todavía más agradable mi estancia en la UTSA.
Y por supuesto, quiero agradecer todo el apoyo incondicional que desde siempre me ha brindado el Director de la División Académica de Tecnología Ambiental y Nanotecnología de la UTFV, el Maestro Armando Ávila Dorador, quién desde el primer día que platiqué con él, me dió su confianza y ayuda; que siempre busca un tiempo para atender mis dudas y orientar mis inquietudes, y que a cambio, sólo me ha pedido que haga mi mayor esfuerzo. Sin duda que tener a gente tan valiosa como él al frente de nuestra carrera, es algo que podemos presumir y que obviamente, no debemos desaprovechar.

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Francisco Tello, estudiante de 8o cuatrimestre.

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