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Hoy me han pedido que venga a platicarles sobre lo que para mí es la felicidad, pues supongo que los organizadores han identificado en mí a una persona feliz, lo cual agradezco, así como agradezco también esta invitación de nuestras autoridades para ser parte de esta mesa de conversación con motivo de la certificación por la igualdad de género en esta institución, misma que desde ahora celebro.

Los que estamos aquí en esta mesa, hemos sido invitados a que platiquemos acerca de un valor, y a mi me ha tocado el valor de la felicidad, que es algo muy interesante pues para mí, los seres humanos debemos reflexionar para construir nuestra existencia según unos valores, pero siempre con la meta de alcanzar la felicidad. Asumo por ello el reto de explicar mi postura de un concepto filosóficamente tan subjetivo en los escasos diez minutos que me han dado. Espero no defraudarlos.

Permítanme por ello leerles estas líneas que he redactado para esta ocasión.

El valor de los valores: el valor de la felicidad.

Comenzaré por decir que la mayoría de nosotros estamos acostumbrados a vivir el presente de manera pasiva y neutra, y por ello, caemos en la banalidad cotidiana, llena de tareas monótonas, y responsabilidades urgentes donde no se distingue la felicidad de la desgracia a menos que sea evidente. Nos hemos desnaturalizado. Paradójicamente nos desenvolvemos bajo el modo absurdo del aburrimiento por el exceso de estímulos, el celular, el internet, la televisión, las redes sociales, las noticias… Vivimos embebidos en un mar de distracciones que nos sobrepasan y que nos llevan a vivir siempre de prisa.

Arrastrados por la huida del tiempo, rechazamos nuestro pasado pero no somos capaces de proyectarnos al futuro. Prueba de esto que les digo, es que ya casi nada nos parece hermoso; pasamos por alto el canto de las aves, damos por hecho el crepúsculo al amanecer o la sensación del viento al roce de nuestra piel; despreciamos la lluvia o damos por hecho el sabor dulce de una fruta.

Decimos “yo era muy feliz cuando era niño”, lo cual quiere decir que en el fondo sí sabemos lo simple que es aquello que nos hace feliz. Contrastamos la felicidad pasada con las desgracias presentes, y por ello, vivimos sin esperanzas y sin hallar sentido a nuestras vidas. Nos preocupamos tanto por el futuro que se nos va nuestro presente.

Pero como yo soy maestro, a mí me gusta explicar los conceptos con ejemplos, y esta vez, no pienso hacer una excepción. Para mí, la felicidad tiene nombre y apellido. Es alguien a quien admiro y respeto profundamente, y que tuve la fortuna de conocer hace casi veinte años y que desde entonces no he vuelto a ver, al menos no cara a cara, pero que sé que es una persona muy feliz a su manera.

Esto que ahora les comparto lo he descubierto hace muy poco. Es más, ella no lo sabe y ni siquiera tiene idea de que se ha convertido hoy en el eje de esta charla. Pero puedo decirles que ella es feliz por algo muy simple: porque sabe disfrutar su tiempo y valora su espacio. Es un ser que disfruta su soledad porque en ella ha descubierto la magia intrínseca de vivir. Disfruta del aroma de un café y sabe que no es más rico quien más dinero tiene, sino el que viaja más, conoce y comparte. Sabe que la vida está hecha de momentos y que la felicidad se construye de experiencias que se convierten en nuestros recuerdos.

Además, sé que es feliz porque vive con una sonrisa tatuada en su rostro. Por eso, hoy decidí platicarles de ella, porque sabía que ustedes fueron invitados a escuchar una conferencia sobre valores, y a mí me han asignado el valor de la felicidad, y esta persona de la que les hablo, es por mucho, la persona más feliz que yo conozco.

Esta persona de quien les platico es médico, es decir, dedica sus esfuerzos a ayudar a los demás a que recuperen la salud y con ello, el bienestar, y eso la hace feliz. Se ha preparado a conciencia para ser capaz de actuar en situaciones extremosas, pues su especialidad son las urgencias, y desde ahí, desde el consultorio, desde la sala de urgencias, ella es feliz a su modo, porque ha logrado traspasar las carencias, el sufrimiento y la enfermedad de sus pacientes en oportunidades para compartir su talento y su saber. Es decir que esta mujer es feliz cuando gracias al conocimiento racional de la anatomía y la fisiología logra desentrañar los misterios que hacen que otro ser esté enfermo, y con ello, encuentra el camino más corto hacia la salud, que por cierto, es el primer escalón en el que se sustenta la felicidad.

Vive en un estado de armonía conforme con esos valores que le ha dejado su profesión, y que ha sabido pulir bajo la herencia amorosa de su familia. Seguramente que su vida no es perfecta y que su historia no ha estado exenta de problemas, pero de todo, ha sabido quedarse con lo mejor para aprender.

Ella da sentido a su existencia humana porque ha entendido la unidad de la verdad y del bien como el camino que la lleva hacia la felicidad.

Sin saberlo, vaya sin proponérselo, esta doctora vive en su mundo de fantasía, de poesía y literatura. De su Luna eterna acompañada del aroma a café. De su cosmos infinito y de la luz de las estrellas más allá de un firmamento que parece efímero ante su propia Luz, esa luz que lleva su nombre, y que hoy, me ha permitido poderles explicar lo que para mí, es la felicidad.

En esencia, creo que ser feliz no se reduce a tener buena salud, a ser famoso o tener dinero, menos aun a ser poderoso. Ser feliz no es sinónimo de amor ni de libertad. Ser feliz no es únicamente gozar de cierta comodidad económica, pues si bien es obvio que si alguien vive en la miseria física y moral, si su libertad y su dignidad de ser humano no son más que palabras, resulta hasta indecente hablar de felicidad, la felicidad esta siempre más allá de estas condiciones generales, por ello, no son suficientes los beneficios materiales para ser o sentirse feliz, y eso explica porqué generalmente la gente económicamente menos favorecida, sabe cómo ser feliz, y eso es porque la felicidad está ligada a una apreciación personal, una apreciación subjetiva que varía según la condición social, el grado de cultura, la edad, nuestra historia de vida o nuestras aspiraciones más íntimas.

Sin embargo, decir que nuestra idea de felicidad tiene un elemento subjetivo no implica que cada uno de nosotros no pueda inventar su ideal de felicidad.

Quien vive feliz, generalmente se deja vivir sin darse claramente cuenta de su estado, sin interrogarse acerca de la naturaleza de su felicidad, y la razón de ello, suele ser que la felicidad no se reduce al bienestar afectivo, sino a la capacidad de disfrutar cada detalle de la vida.

Eso es lo que me ha enseñado mi amiga. De ella aprendí que la felicidad no es una cualidad perenne o inmutable, pues al igual que las mejores cosas de la vida, exige de estabilidad y de continuidad. En resumen, para ser feliz hay que esforzarse todos los días.

La felicidad, que es a la vez el fin supremo y el sentido de la existencia humana, no es un don gratuito; es el fruto de toda una vida moral, que se independiza del tiempo cuando se alcanza, y si asumimos que el fin de la moral es la perfección, entonces no debemos confundir a la felicidad con sentir placer, ya que éste último indica la satisfacción momentánea de una tendencia particular o de la simple respuesta a un instinto, y por ello, el placer se convierte sólo en un sentimiento superficial y efímero.

La felicidad es la tonalidad global de toda una vida, es el resultado de una conquista primero sobre nosotros mismos y luego sobre el mundo. La felicidad es la consecuencia de alcanzar el equilibrio entre nuestras contradicciones y nuestros conflictos.

Ser feliz no implica desatender nuestras responsabilidades, es decir, aunque lo parezca, no es más feliz quien se la pasa de ocioso, porque a la larga, la ociosidad también le pasa factura, pues a nadie puede parecerle que sentirse inútil para con su prójimo, es parte de su felicidad.

Jóvenes, aspiren a ser felices, no sólo a ser existosos, no sólo a tener cosas materiales, no sólo a tener poder. Disfruten la vida. Disfruten cada detalle. Disfruten ser lo que son y esfuércense cada día por alcanzar la felicidad, su felicidad.

Muchas gracias.

luz-luz

Versión estenográfica de la conferencia dictada por el autor en el marco del evento “El valor de los valores” organizada por el Gobierno del Estado de México.

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