El fútbol americano es todo un fenómeno en México. Según estimaciones oficiales, hay cerca de 25 millones de aficionados mexicanos a este deporte.

Pasaron 11 años de espera para que la afición mexicana por fin volviera a disfrutar de un encuentro al máximo nivel de futbol americano profesional, esta vez entre los Raiders de Oakland y los Texans de Houston en el césped del mítico Estadio Azteca.

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México representa el mercado más importante para la NFL a nivel internacional, pues con excepción de Estados Unidos, no hay otro lugar que supere a nuestro país en afición y sentido de negocio.

Televisa invirtió casi 10 millones de dólares en la remodelación del también llamado “Coloso de Santa Úrsula” que redujo su capacidad de asistentes a sólo 84 mil, pero que lo consolida como el principal recinto deportivo de esta ciudad con nuevos palcos, sistema de transmisión y majestuosos vestidores.

La cadena ESPN, realizó un enorme esfuerzo para lograr una transmisión de gran calidad, a nivel mundial.

Se estima que entre la venta de boletos, patrocinios, hospedaje, alimentación y transporte de jugadores y espectadores, así como en los eventos paralelos al juego como el fanfest organizado en la primera sección del bosque de Chapultepec, el gobierno mexicano estima que este partido dejó a su paso casi 80 millones de dólares de ganancias.

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Pero como siempre, hay cosas que sólo pueden pasar en México.

Antes de que arrancara el juego, uno de los máximos exponentes del machismo hecho canción, Julión Álvarez, [sí, el mismo imbécil que se convirtió en sinónimo de misoginia, cuando se le ocurrió la puntada de declarar que sólo “le gustan las mujeres que sepan trapear”], interpretó su peculiar versión del Himno Nacional Mexicano, en la cual, obviamente, le traicionaron los nervios, es decir, se equivocó. La pifia que se suma a los memorables errores de este tipo cometidas por Jorge “El Coque” Muñiz, Vicente Fernández, Jenny Rivera o Julio Preciado, en otros eventos deportivos (la duda que me surge, es, ¿quién designa a estos intérpretes de música popular para tal honor?).

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Y al ridículo del tal Julión, hay que agregar el grito discriminatorio y homofóbico de ¡Eh putoooooo! cada vez que el pateador de los Texans, despejaba, así como en los intentos de gol de campo.

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A esta demostración de estupidez colectiva, hay que sumarle que en repetidas ocasiones el quarterback de Houston Texans, Brock Osweiler, fue señalado con un puntero láser durante el segundo cuarto del juego. Varios destellos verdes aparecieron en el campo cuando el juego estaba bloqueado 10-10, con una viga que parecía haber sido deliberadamente dirigido a Osweiler y reflejando fuera de su casco.

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Y para finalizar, avioncitos de papel lanzados desde la tribuna hasta el campo.

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No cabe duda, aunque la mona se vista de seda…

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