El desarrollo sustentable, se refiere al que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Se trata, de un principio-guía creado por la Comisión Brundtland[1] que fue adoptado por 150 países en la Cumbre sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Río de Janeiro, Brasil, en 1992, y ratificado en septiembre del año 2000, por líderes de 189 países que se reunieron en la sede central de las Naciones Unidas para firmar la Declaración del Milenio, un documento histórico por el que se comprometieron a alcanzar, antes de 2015, un conjunto de ocho objetivos cuantificables, como la reducción de la pobreza extrema y el hambre a la mitad, la promoción de la igualdad de género o la reducción de la mortalidad infantil.

Los Objetivos para el Desarrollo del Milenio (ODM), fueron revolucionarios porque ofrecieron un discurso común para alcanzar el acuerdo global. Los ocho objetivos eran realistas, fáciles de comunicar y contaban, además, con un mecanismo claro para su cuantificación y seguimiento. 

La conferencia Rio+20 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible), celebrada en Río de Janeiro en Junio de 2012, revistió un proceso para fomentar la adopción de un nuevo cuerpo de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que permitan continuar con el impulso generado por los ODM, dentro de un marco global de desarrollo para más allá de 2015. Así, para el 25 de septiembre de 2015, en el marco de la 70 edición de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, todos los países del mundo adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un documento marco que regirá las actividades para el bienestar de las personas y el cuidado del planeta por los próximos 15 años, y que incluye los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también conocidos como Objetivos Mundiales, que en su conjunto, representan un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad.

Estos 17 Objetivos se basan en los logros de los ODM, aunque incluyen nuevas esferas como el cambio climático, la desigualdad económica, la innovación, el consumo sostenible y la paz, y la justicia, entre otras prioridades. Los Objetivos están interrelacionados, por ello, con frecuencia, la clave del éxito de uno involucrará las cuestiones más frecuentemente vinculadas con otro.

No obstante, es evidente que en la práctica sobrevive una distancia entre las políticas globales y sus metas, así como entre las políticas nacionales y sus acciones concretas. 

Claramente, las instituciones son obsoletas para atender problemas complejos, transversales e interdisciplinarios. 

Por ello, a pesar de los avances en materia de desarrollo sustentable, su implementación se encuentra estancada porque las visiones están fragmentadas y desarticuladas; lo sustentable se ha reducido a lo ambiental y lo ambiental parece seguir siendo algo marginal.

Las líneas estratégicas para lograr un desarrollo sustentable en el mundo son:

  1. la generación de una nueva cultura, que modifique la actitud de la sociedad ante la naturaleza, 
  2. la producción sostenible de alimentos, energía moderna, la dotación de agua limpia, conocimiento de la biodiversidad, así como,
  3. la educación y comunicación ambiental para la ciudadanía.

Si bien el conocimiento tradicional sobre el uso de la biodiversidad es vasto entre las comunidades indígenas, la falta de valoración económica de las especies útiles y la ausencia de mercados diversificados, limitan el desarrollo económico de ejidos y comunidades rurales e indígenas, a partir de sus propios recursos naturales. Además, el desarrollo nacional no ha aprovechado las ventajas ofertadas por la biodiversidad, mientras que el reparto agrario y las reformas sobre la tenencia de la tierra no han incorporado criterios de resguardo del capital natural, lo cual fomenta la transformación de los ecosistemas.

Por ello, deben extenderse las reformas legales que han favorecido la conservación de los ecosistemas naturales y el bienestar social, como aquellas que dieron fin a las concesiones a terceros en el usufructo de los recursos forestales y de la vida silvestre, las cuales restituyeron derechos a los dueños de la tierra y legítimos posesionarios de los recursos naturales: las comunidades rurales. 

Además, se deben fomentar las prácticas como la agricultura orgánica, el manejo forestal comunitario, el ecoturismo, la agroforestería (sistemas que combinan árboles o arbustos, con cultivos agrícolas y/o ganado en un mismo sitio), o la pesca ecológicamente responsable, prácticas que han demostrado ser económicamente viables y ambientalmente mucho más adecuadas.

La consecución de los ODS requiere la colaboración de los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y los ciudadanos por igual para asegurar que dejaremos un mejor planeta a las generaciones futuras.

objectivos

http://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals/

[1] El libro “Nuestro Futuro Común” (nombre original del Informe Brundtland) fue el primer intento de eliminar la confrontación entre desarrollo y sostenibilidad. Presentado en 1987 por la Comisión Mundial Para el Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU, encabezada por la doctora noruega Gro Harlem Brundtland, trabajó analizando la situación del mundo en ese momento y demostró que el camino que la sociedad global había tomado estaba destruyendo el ambiente por un lado y dejando a cada vez más gente en la pobreza y la vulnerabilidad. El propósito de este informe fue encontrar medios prácticos para revertir los problemas ambientales y de desarrollo del mundo y para lograrlo destinaron tres años a audiencias públicas y recibieron más de 500 comentarios escritos, que fueron analizados por científicos y políticos provenientes de 21 países y distintas ideologías. Como indica el libro, el trabajo de tantas personas con historia y culturas diferentes hizo que fuera necesario fortalecer el diálogo, por lo cual el resultado es más de lo que cualquiera de ellos hubiera conseguido individualmente. Dicho documento postuló principalmente que la protección ambiental había dejado de ser una tarea nacional o regional para convertirse en un problema global. Todo el planeta debía trabajar para revertir la degradación actual. También señaló que debíamos dejar de ver al desarrollo y al ambiente como si fueran cuestiones separadas. El Informe dice que “ambos son inseparables”. Por último, señala que el desarrollo dejaba de ser un problema exclusivo de los países que no lo tenían. Ya no se trataba de que los “pobres” siguieran el camino de los “ricos”. Como la degradación ambiental es consecuencia tanto de la pobreza como de la industrialización, ambos debían buscar un nuevo camino. La importancia de este documento no sólo reside en el hecho de lanzar el concepto de desarrollo sostenible (o desarrollo sustentable), definido como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones, sino que este fue incorporado a todos los programas de la ONU y sirvió de eje, por ejemplo, a la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992.

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