Recientemente en México, una minoría rijosa y totalitaria de docentes que sistemáticamente incumple con sus deberes intelectuales y laborales, específicamente los de educar a los niños que viven en las condiciones más precarias del país, han sido motivo de atención por haber subido de tono sus manifestaciones y sus agresiones a la sociedad e incluso a compañeros de su mismo gremio.

En medio de un embotellamiento en el que quedé muy cerca de llegar a las oficinas centrales de la SEP, escuché a un agente de tránsito que me decía que tomara una desviación porque estaba el bloqueo de “Los Maestros”.

Como a mí me presentan ostentosamente como “maestro”, quiero hacer una aclaración. Una maestría es un grado académico de posgrado. En primer lugar, maestro es aquel que tiene estudios de maestría (también llamada máster o magíster), es decir, quien ya concluyó el nivel de licenciatura y que después invirtió al menos dos años de rigurosa formación para alcanzar el primer nivel del posgrado. Las maestrías buscan ampliar y desarrollar los conocimientos para la solución de problemas disciplinarios, interdisciplinarios o profesionales, y además dotar a la persona de los instrumentos básicos que la habilitan como investigador en un área específica de las ciencias, de las artes o de las tecnologías, que le permitan profundizar teórica y conceptualmente en un campo del saber. Un título de maestría, por lo tanto, equivale normalmente a tener unos estudios universitarios de 5 ó 6 años.

El pasado miércoles 24 de junio, el Pleno de ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), por unanimidad y luego de analizar el amparo en revisión 295/2014, presentado por Abel Enrique Canul Ceballos y otros integrantes de la CNTE, emitió un dictamen en el que considera superior el derecho de los estudiantes a una educación de calidad por encima de cualquier derecho laboral de los maestros., lo cual, creo que está bien sólo con un pequeño cambio: yo no les llamaría “maestros”.

Asumirse como maestro sin tener maestría es un error, pues si bien quien ejerce la educación merece ser llamado maestro, no todo aquel que está en la nómina de una escuela, particularmente asignado a un grupo, merece ser llamado maestro.

Y no lo digo por el grado académico, porque si fuera el caso, es maestro aquel que tiene conocimientos profundos y es capaz de evitar la fragmentación de los contenidos enseñados, ponerlos en distintos contextos y enfocarlos desde distintas perspectivas, para así, mostrar una atractiva exposición de lo que pretende enseñar a sus estudiantes. Maestro es aquel que es capaz de seducir por intermedio del conocimiento, y eso va mucho más allá de presentar un tema usando diapositivas de Power Point o dejando que resuelvan muchas páginas de un libro de texto…

Sea pues, que no merecen ser llamados profesores, mucho menos calificarlos como maestros, que al parecer este tipo de gente puede ser todo, menos eso.

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