Soy el balcón presidencial del Palacio Nacional, símbolo de historia y vida republicana. Escenario de grandes movimientos que dejaron huella, reformistas unos, revolucionarios otros; estos movimientos han sacudido la conciencia nacional, para cambiar lo que no puede ni debe permanecer, un país donde pocos lo tienen todo, y la mayoría carece de condiciones para el goce efectivo de sus derechos.

Por aquí han desfilado virreyes, emperadores y presidentes. Soy legado prehispánico, colonial, independiente, revolucionario y democrático que se entremezcla con la esperanza de un futuro mejor para este gran país, que desde siempre, ha estado llamado a ser una potencia, pero que al parecer, nunca termina de hacer los méritos suficientes.

He escuchado muchas promesas y más de uno de los que han posado sus manos en mi barandal, ha establecido compromisos de conducir el esfuerzo colectivo ejerciendo cabalmente las atribuciones del poder en el estricto apego a lo que indica la ley, pero olvidan que en la tarea de gobernar siempre están presentes difíciles dilemas éticos y que las opciones de quien ejerce el poder no hacen fácil distinguir claramente entre el bien y el mal, y que toda decisión que tomen tendrá sus costos e inconvenientes.

Una y otra vez se ha prometido que se respetarán todas y a cada una de las voces, las verdades y las opiniones de la sociedad, y sin embargo, también he visto ejercer la barbarie y la represión.

Por eso, hoy sueño una vez más que llegará ese momento en que la persona que pise el filo de este espacio, será capaz de llevar su mirada más allá del mar de gente que suele abarrotar esta plaza pública, asumiendo la responsabilidad que eso implica y que será capaz de trabajar fuerte para cumplir sus promesas y asumir uno a uno todos sus compromisos.

Gobernar un país como México implica necesariamente encarar desafíos constantes y un impulso permanente que lo lleve a su transformación total. Un gobierno eficaz debe asumir como su máxima prioridad el propósito fundamental de hacer realidad los derechos humanos que reconoce la Constitución.

El último que se ha parado por aquí, trazó cinco ejes de gobierno que suenan como aspiraciones: paz, inclusión, educación, prosperidad y responsabilidad. Cinco ejes que revelan una visión de un México que está a nuestro alcance, uno que podemos lograr si desterramos el encono y la discordia, y en cambio, nos comprometemos con la paz, la justicia, la prosperidad, el respeto y orgullo de nuestra casa común, ésta, que es México.

Yo seguiré aquí, quizás por muchos años más. Pero yo soy de piedra y metal, por eso, limito mis expectativas a sólo escuchar y seguir acumulando recuerdos. Me pregunto, ¿porqué los que me miran, los que sí se mueven, casi siempre se limitan a imitar mi condición?

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