Supongamos dos cosas: primero que usted tiene un hij@ que va a cumplir siete años y segundo, que está organizando su fiesta de cumpleaños. ¿Qué prefiere?, contratar a un payaso o a un mago o algo así, o a un grupo de “expertos” que hacen experimentos de “ciencia divertida”. Pues aunque lo dude, cada vez son más los casos de papás que organizan experiencias de este tipo para las fiestas de sus hijos. Ahora usted podría estar diciendo, ¡que exageración!, pero aunque no lo crea, la idea de hacer la ciencia divertida ha tomado gran auge sobre todo en las clases medias y altas mexicanas, y más si se trata de niñ@s que tienen la “suerte” de ser los hij@s de intelectuales o científicos.

A raíz de esto y de que tengo varios amigos con hijos pequeños, según yo, saturados de actividades (clases de todo: de idiomas, de música, de karate, de futbol, de ballet, etc.), me surgió una duda: ¿qué es lo mejor, dejarlos que jueguen o llenarlos de clases, y de experimentos “divertidos” hasta en sus fiestas de cumpleaños?

Comenzaré con algunos datos duros. De acuerdo con lo que establece la Ley Federal de Educación, en México, la educación formal inicia con la preescolar, “kínder” o “jardín de niños” como comúnmente se les conoce a este tipo de colegios. Además, desde el ciclo escolar 2008-2009, el kínder es obligatorio, y por ello, casi todos los niñ@s mexicanos de entre 3 y 5 años de edad están matriculados en algún kínder. En otras palabras, en México un niñ@ debe cursar los tres grados que la integran la educación preescolar para poder ingresar al siguiente nivel del sistema educativo mexicano: la primaria.

Bajo este mandato legal, se entiende que las escuelas del preescolar mexicano, deberán estar diseñadas para brindar un servicio de calidad a los niñ@s de entre 3 y 5 años de edad, y considerando que tienen como objetivo estimular el desarrollo intelectual, emocional y motriz de los infantes para facilitar la incursión en la educación primaria, no debiera ser cosa simple tener un kínder, sin embargo, este tipo de escuelas han proliferado en casi cualquier lugar, lo cual no sólo representa un riesgo para los propios niños, sino que difícilmente cuentan con el personal capacitado para cumplir con su importante misión. Además, la mayoría de los kínder, en especial los que pertenecen a la iniciativa privada, se han convertido en una primaria anticipada, donde cada vez con más frecuencia, se enseña a leer y escribir, a hacer cuentas y a tener tarea.

Como puede verse, en México los niñ@s no van al kinder sólo a divertirse, a socializar o a convivir. Al menos en zonas urbanas y más en escuelas particulares que en escuelas públicas, desde los tres años de edad les empiezan a enseñar las letras, los colores, e incluso los programas están diseñados para que no sea sólo en castellano, sino también en otras lenguas, particularmente en inglés.

A pesar de ello, los resultados académicos no son lo que los padres esperan, pues a la larga, la mayoría de los estudiantes mexicanos, según las evaluaciones internacionales, siguen siendo de los más malos, y entonces, al parecer, no es con la precocidad académica con lo que se logra hacer mejores estudiantes.

Por otra parte, tengo muchos amigos que son docentes frente a grupo en secundarias de colegios particulares, y sin excepción, todos se quejan de que por lo general, sus estudiantes no son capaces de mantenerse quietos, de guardar silencio, de leer un texto, de redactar sus ideas, de comprender lo que leen, o de resolver problemas que impliquen aritmética elemental. Y curiosamente, la mayoría de sus alumn@s, son egresados de un kínder donde les dieron clases de todo desde que eran muy pequeños, y no pocos asisten regularmente a actividades deportivas y culturales por la tarde.

Educar en el asombro¿Cómo lograr que un niño, y luego un adolescente, sea capaz de estar quieto observando con calma a su alrededor, capaz de esperar antes de tener algo, capaz de pensar, capaz de crear algo?. Esta es la misma pregunta que me hago yo, y que de manera amplia responde un libro escrito por la pedagoga canadiense Catherine L’Ecuyer cuyo título en español es “Educar en el Asombro” (Editorial Plataforma, 2013, novena edición). La autora sostiene que parte del problema es que los padres de ahora saturan a sus hijos desde que son bebés con aplicaciones para tabletas, idiomas y todo tipo de actividades que les apartan del juego, de la naturaleza y del silencio. Además, explica que este tipo de actitudes causa una “sobrestimulación” que termina por atrofiar la capacidad de los niños y las niñas por interesarse por el mundo, y peor aún, les predispone a la apatía y al fracaso escolar. En conclusión, según esta investigadora canadiense, no es con más estímulos que lograremos mejores resultados, sino todo lo contrario. De acuerdo con L’Ecuyer, la educación formal solamente distrae a los niñ@s de lo que realmente es importante, y por lo que platican mis amigos docentes, parece que esta investigadora ha dado con el origen del problema que ellos cotidianamente padecen .

La Secretaría de Educación Pública (SEP), máxima autoridad en la materia en México, presenta como un logro que en casi el 90% de los niños estén matriculados desde los tres años de edad, pero de verdad, ¿es algo de lo que como país deberíamos presumir? Yo creo que no. La clave de tener una mejor preparación para el proceso cognitivo y un buen desarrollo de la personalidad reside en la calidad de la relación del niño con su principal cuidador durante los primeros años de vida, y no en introducir la educación formal en la etapa infantil.

Y surge entonces otra pregunta, ¿cómo le hacen en los países cuyos sistemas educativos son exitosos? Como no es el caso de este texto en particular, sólo voy a tomar como referencia dos casos de éxito educativo: Alemania y Finlandia.

En Alemania, que por mucho es un país del que los mexicanos tenemos mucho que aprender, existe un equivalente al kínder mexicano que se conoce como Kindergarten, pero que al parecer, no tiene nada que ver con su equivalente mexicano. De inicio, los grupos se forman con niños y niñas de entre 0 y 5 años, de manera que los pequeños aprenden de los mayores y los mayores aprenden a cuidar a los más pequeños. En lo personal, me parece algo muy acertado, pues yo mismo tuve la oportunidad de ver las virtudes de un proceso similar que se hace en una escuela particular donde colaboré por casi una década, y en la cual, los alumnos más grandes de la secundaria establecían un vínculo de convivencia y trabajo con los niñ@s del kínder.

Siguiendo con el caso alemán, los niñ@s del Kindergarten no van aprender ni los números ni las letras, van a aprender algo mucho más importante y significativo para la vida: van a aprender valores, y no lo hacen con clases de religión, sino a través del juego: muchas canciones, muchas excursiones para que conozcan y amen su país, muchos experimentos para despertar su curiosidad, etc. En algunos colegios hasta tienen granjas de verdad, con cultivos y animales reales. Así, un peque alemán conoce las vacas y las gallinas, no porque sintoniza el Animal Planet® o porque tiene una aplicación como el FarmVille® en su iPad®, sino porque tiene contacto habitual con animales y plantas de verdad.

En Finlandia, al igual que en Alemania, la educación preescolar no es obligatoria, y demás, no existen instituciones específicas, sino que se imparte en jardines de infancia con un modelo muy similar al alemán que es administrado desde el gobierno central por el Ministerio de la Salud y Asuntos Sociales, y en las zonas escasamente pobladas o más rurales, esta labor la realizan las autoridades locales conjuntamente con las escuelas básicas.

El caso es que en Alemania o en Finlandia los niñ@s entran a la primaria hasta los seis y siete años respectivamente, y la razón es que los finlandeses, al igual que los alemanes, han concluido que esa edad es cuando se tiene la madurez motriz e intelectual suficiente para empezar la educación formal, es decir, para empezar con las letras y los números.

Otro dato interesante, es que para ser educador en un kínder alemán o en uno finlandés, se deben acreditar estudios de posgrado y someterse a una serie de exigentes pruebas pedagógicas, psicológicas y de aptitud docente. Como resultado, sólo los más capaces y los mejor preparados, son contratados para ejercer como responsables de la educación de los más pequeños.

Terminaré por decir que soy un convencido de que el proceso de aprendizaje se hace desde dentro hacia afuera, por ello, si suplantamos la estimulación natural del niño con estímulos desde fuera hacia adentro, estamos sustituyendo su proceso natural de descubrimiento del mundo y anulando su capacidad de asombro. Como resultado, obtendremos niñ@s adictos a la sobrestimulación que por eso serán pasivos y flojos para descubrir y aprender.

En México se ha pensado que la ampliación del horario regular será la clave para el fortalecimiento curricular, pues habrá tiempo de incorporar áreas formativas relacionadas con actividades académicas, deportivas, artísticas y recreativas. En el hecho, muchas escuelas privadas ya imparten clases extra, y no son pocos los papás que inscriben a sus hijos en clases vespertinas de idiomas, pintura, piano, futbol, karate o ballet, que en la mayoría de los casos sólo sirven para entretener a los niñ@s mientras los padres trabajan, sin embargo, en mi experiencia como docente he descubierto que los estudiantes con un historial lleno de actividades extra, generalmente se muestran frustrados y hasta cierto punto hartos de la escuela y por ende, de estudiar y aprender.

No creo que debería ser visto como algo normal que los niños lleven mochilas que pesan más que ellos y que pasen muchas horas haciendo tareas que no son para su edad. Los niños y las niñas deben tener una sola obligación: jugar, porque en el juego se encuentran retos que se ajustan a sus capacidades y ahí es cuando aprenden valores de verdad. Incluso es bueno dejar que un infante se aburra, pues precisamente de ese aburrimiento es donde se encuentra la chispa de la creatividad.

Siempre se ha cuestionado el derecho de la mujer a criar a sus hijos y al mismo tiempo, de desarrollarse profesionalmente. Yo pienso que quienes administran la educación y el trabajo en el gobierno mexicano, deberían replantearse la necesidad de flexibilizar los horarios laborales de las mujeres y los padres con hijos en edad escolar, en beneficio del buen desarrollo de las nuevas generaciones. Los permisos por maternidad deberían ser más largos y los horarios de padres y madres deberían ser más flexibles para facilitar que la familia pueda verse y convivir.

Hay escuelas que presumen el uso de tabletas electrónicas desde el kínder, pero hasta ahora, nadie ha podido comprobar que en edades tan tempranas tengan beneficios en el desarrollo de habilidades de aprendizaje. Las películas, los videojuegos, la computadora, o las aplicaciones electrónicas, aunque sean con fines educativos, en general, exigen poco esfuerzo mental y reducen la posibilidad de contacto con el mundo real.

¿Es la sobrestimulación por un aprendizaje demasiado temprano y por la saturación de deberes extraescolares la causa de los malos resultados obtenidos por México en las evaluaciones internacionales? No lo sé, pero sí creo que es un factor que suma al fracaso escolar, quizás uno de los más importantes.

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