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Para los gobiernos, la educación debe ocupar un lugar principal en las acciones que se realizan todos los días en favor de la población. A través de ella se busca construir una sociedad fuerte y competitiva, con pilares sólidos en los cuales descanse el bienestar social y el desarrollo económico que lleve a la igualdad de oportunidades y al progreso colectivo.

En este contexto, la construcción de la identidad supone establecer, tanto a nivel social como individual, una determinada articulación entre lo estable y lo dinámico, entre un núcleo formal y un conjunto de valores y reglas de conducta, entre lo propio y lo ajeno, entre lo local y lo universal, por esta razón, los contenidos de la educación son quizás el desafío más importante de todo gobierno, pues son la variable más importante en la explicación de las nuevas formas de organización social y económica.

Por ejemplo, es común escuchar que los recursos fundamentales para la sociedad y para las personas son la información, el conocimiento y las capacidades para producirlos y para manejarlos, y por ello, no es casual que la educación, entendida como la actividad a través de la cual se produce y se distribuye el conocimiento, ha adquirido una mayor importancia que la que históricamente ha tenido.

Esto significa que los educadores, los científicos, los intelectuales y todos aquellos que se desempeñan en la producción y distribución de conocimientos, tienen cada vez un mayor impacto en la sociedad y en el gobierno.

Por esta razón, la escuela ha salido paulatinamente de su aislamiento institucional, abriéndose a los requerimientos de la sociedad del conocimiento y redefiniendo sus pactos con los otros agentes socializadores, particularmente la familia, los medios de comunicación y la religión.

La escuela ya no actúa en el mismo contexto institucional que en el pasado. Las otras agencias socializadoras se han modificado y esto obliga a cambiar no sólo sus modalidades de acción sino su papel en el conjunto del proceso socializador. Es por eso que en un ambiente de economía de mercado, las instituciones educativas, las superiores en especial, paulatinamente estamos siendo más cercanas a la industria y a la empresa, no solo en nuestras prácticas propiamente dichas, sino que también formamos parte de una lógica en la cual se muestra implícitamente un nuevo modelo de sociedad.

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