265989_10150211804313995_6759002_oDecir cuáles deben ser las competencias genéricas y profesionales que debe poseer un docente implica asumir una postura con respecto al perfil de formación profesional docente, pero sobre todo, trae implícito delinear un marco de referencia del docente frente a grupo, y eso, es de antemano una cuestión que corresponde a la política educativa interna de cada comunidad escolar y que por ello, está sujeto al debate y a la controversia.

Con ello quiero decir que no es tan simple definir las competencias genéricas y profesionales de un docente, y mucho menos pretender que se tome como una generalización o un concepto acabado. Sin embargo, supongo que existen ciertos rasgos comunes que bien vale la pena mencionar y que pueden contribuir al consenso que la pregunta en si misma plantea.

En primer lugar, voy a permitirme expresar lo que entiendo por competencia en el contexto de la educación. Una competencia no es una tarea o una actividad como han propuesto algunos enfoques tradicionales que predominan en la educación mexicana, más bien, una competencia implica la capacidad de enseñar a resolver problemas del contexto a través de la interpretación y la argumentación. Las competencias no atienden sólo a criterios de desempeño, sino que a través de ellos integran diferentes saberes (saber ser, saber hacer, saber conocer y saber convivir), para realizar actividades y/o resolver problemas con sentido de reto, motivación, flexibilidad, creatividad, comprensión y emprendimiento.

Las competencias son actuaciones basadas en la ética, es decir, en el seguimiento de los valores universales como la responsabilidad, la honestidad, el respeto, la tolerancia, la honradez, la solidaridad, la equidad y el respeto a la vida, y esto, en su conjunto, implica asumir las consecuencias de nuestras acciones.

De manera concreta, se puede decir que educar por competencias tiene la finalidad de formar a las personas para realizar aquello que les corresponde y así sean capaces de resolver los problemas que se les presenten. Toda competencia implica resolver uno o varios problemas del contexto mediante el desarrollo y la puesta en acción, de forma articulada, de diversos saberes que no pueden abordarse por separado. Esto significa que una competencia no es un único saber. Educar desde este modelo supone formar personas conscientes y coherentes entre el saber, el hacer, el deber ser y el saber convivir.

Habiendo establecido lo anterior, creo pertinente poder responder a esta pregunta con base a mi experiencia. Para mí, un docente competente es aquel que es capaz de esculpir con cincel los saberes que ayudarán a sus estudiantes a ser mejores personas. Es aquel que enseña lo que corresponde a su asignatura, pero que al mismo tiempo, ofrece conocimiento para la vida y que es capaz de transformar cada una de sus clases en momentos memorables donde se promueve la generación de nuevos conocimientos valiosos, porque justamente ahí radica el poder del maestro, en su capacidad de ser cocreador, junto los padres y el entorno, de un nuevo individuo.

Así, los docentes competentes serán aquellos que puedan quedarse de por vida presentes en la memoria inconsciente de sus estudiantes, y por ello, si hay que encontrar una competencia genérica, diría yo que el maestro ante todo debe ser una figura de autoridad a la que el estudiante está dispuesto a escuchar y en la que crea.

El maestro que requieren los nuevos estándares educativos, es aquel que utiliza las tecnologías de la información y la comunicación para hacer más eficientes sus tiempos y más divertidos los aprendizajes pero sin descuidar la enseñanza, lo que implica de antemano, el compromiso de entender muy bien la función de aprendizaje de cada estudiante.

Me atrevo a decir que el verdadero maestro, debe por ello ser como un sastre del aprendizaje, capaz de hacer cada traje a la medida de cada uno de sus estudiantes, y desde este enfoque, considero que el docente debe tener la habilidad de formar y conducir planes de vida y proyectos personales.

En suma, necesitamos profesores que formen intelectualmente a sus estudiantes, docentes que rescaten la palabra en el aula y que generen las condiciones para formar individuos capaces en el ámbito profesional y críticos con su realidad, es decir, agentes de cambio que impulsen desde las aulas los valores como el respeto, la tolerancia, la sinceridad, la paz, la convivencia, la democracia y la sensibilidad cívica.

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