son-chingaderas

Quienes me conocen saben que no tengo hijos, sin embargo, llevo ya mucho tiempo ligado a la educación, mayormente con adolescentes  de educación básica y media superior, específicamente secundaria y bachillerato sobre todo en colegios particulares, donde he tenido la oportunidad de vivir muy de cerca la educación primaria, pues es común compartir recursos e instalaciones.

Desde hace varios años he tenido la impresión de que justamente en ese nivel, la calidad de la educación va en caída libre. Cuestiones elementales como la ortografía, la aritmética o los fundamentos de las ciencias naturales o las ciencias sociales, parecen ser menos importantes. Es común recibir estudiantes de primer grado de secundaria que aún tienen una letra ilegible -léase espantosa-, que no saben llevar un cuaderno de notas ordenado-ni siquiera le ponen fecha o título a cada clase-, o que el manejo de las operaciones básicas como sumar, restar, multiplicar o dividir, les resultan prácticamente imposibles o se equivocan con demasiada frecuencia.

Y si a eso le agregamos que la gran mayoría son bastante inmaduros para lo que se espera a su edad, la cosa se pone peor. Digo, una cosa es darle clases a rebeldes adolescentes, y otra muy diferente tener que tolerar actitudes tan bobas como hacer berrinches o pucheros, o simplemente no poder mantener la atención siquiera cinco minutos continuos.

¿Cuál es el origen de todo esto? La verdad, no cuento con datos contundentes para llegar a una conclusión, sin embargo, creo que todo se reduce a un simple hecho: en México parece un delito del fuero común siquiera insinuar reprobar a un estudiante.

Me explico: aunque en los hechos un alumno demuestre ser incumplido, torpe, desordenado, sin hábitos ni educación, vaya, aunque hubiera faltado todo o casi todo el ciclo, o especialmente se hubiera ausentado durante las etapas de evaluación, especialmente en los exámenes (aunque parece que justamente los exámenes son también una especie en peligro de extinción, quien lo hubiera creído), al final, todos “pasan”.

Cuando yo mismo cursaba la primaria, era común que en el grupo hubiera dos o tres repetidores. A nadie le parecía algo extraño, es más, era algo muy común, que además servía de advertencia tangible de que debías aprender todo lo que te enseñaban a la primera, o te arriesgabas a pasar otro año escolar en el mismo nivel.

Además, era obvio que muchos de estos chicos repetidores de grado, aun les costaba mucho aprender cosas que a los demás nos resultaban relativamente simples, o que les faltaba madurez.

Por supuesto que también estaba el caso de otros reprobados, esos que habían llegado a esa condición no por falta de habilidades académicas, sino más por problemas de conducta, es decir, por no acreditar lo que los pedagogos ahora llaman “el saber ser” o “el saber convivir”, o lo que yo digo, por no saberse comportar, por tener malos hábitos o simple y llanamente, por ser irrespetuosos de la autoridad.

En la actualidad, mis amigos con hijos en edad escolar de primaria, se quejan de que sus retoños parecen no aprender nada, pero que paradójicamente sus evaluaciones indican lo contrario. Por ejemplo, un amigo muy cercano me contaba que su hijo no se sabe las tablas de multiplicar, y que a él mismo le resulta raro porque “ya va en sexto de primaria, y en matemáticas tiene puro diez”, pero también se justifica diciéndome que a su vez, la maestra les había aclarado en una junta que “ya no era importante memorizar las tablas, sino aprender a razonar la multiplicación, y que por eso los estudiantes podían hasta usar calculadora”. La verdad, que ahora sí quedé peor.

Creo que estamos errando el camino. Los políticos se lucen con cifras muy altas de cobertura y casi nula deserción, sin embargo, nunca explican el lado oscuro de esas cifras. Pero la mugre, aunque se esconda o se disimule, siempre será mugre, y cual supervisor que revisa el trabajo de un intendente, ahora el World Economic Forum (WEF) nos ha plantado en la cara lo chafa de nuestra educación primaria, pues ubicó a México en el lugar 102 en materia de calidad del sistema educativo, de una lista de 122 países, en donde el número uno es el mejor y el 122 el peor, y donde la calidad de las escuelas primarias fue colocada en la posición 105, mientras que la enseñanza de matemáticas y ciencia fue evaluada aún peor, en el sitio 109.

Para tener un punto de comparación, en el contexto latinoamericano, México fue superado por Chile, Panamá, Uruguay y Brasil, y a nivel mundial el reporte colocó a Suiza en el primer lugar del índice, seguido de Finlandia, Singapur, Holanda, Suecia, Alemania, Noruega, Reino Unido, Dinamarca y Canadá, por lo que se confirma que la mejor educación está en Europa, no en los Estados Unidos, que es justamente el modelo que tratan de imitar muchos colegios particulares.

Por lo que antes expliqué, al menos a mí no me sorprende el reporte del WEF, lo que sí es de llamar la atención es que no estemos haciendo mucho para resolver el problema.

Afortunadamente siempre hay una luz al final del túnel. También conozco una escuela primaria, sencilla en sus instalaciones y sus recursos, pero donde su director ha sido enfático en apegarse al sistema tradicional, es decir, a seguir dando énfasis a la letra bonita, a la ortografía, a la gramática, a la oratoria y la poesía, a los concursos de cálculo mental, a la historia patria, al cuidado de la naturaleza, y por sobre todo, a los buenos hábitos que van desde la presentación personal hasta la manera de comportarse, de disciplinar de manera inteligente y con amor a la educación. Y los resultados son palpables, es una de las mejores primarias de su zona y del país.

También me enorgullezco de conocer a maestras entregadas, que preparan cada examen con especial dedicación, y que incluso se dan tiempo para organizar ceremonias cívicas y concursos, que cargan los cuadernos y libros de sus estudiantes, que dejan tarea y la revisan, que pacientemente corrigen cada error y cada horror, pero sobre todo, que cuando es preciso reprobar, pues reprueban al incumplido, al deshonesto, al flojo, al que no aprendió.

Evidentemente en materia educativa el mundo está avanzando a una velocidad muy grande y México se está quedando atrás, ojalá y que otras escuelas primarias sigan el ejemplo, que no se dejen engañar ni presionar de más.

Si el cimiento es malo, el primer temblorcito tumba hasta la torre más encumbrada, o de otra forma, mejor que te reprueben en la escuela, pero no en la vida.

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