Muchos de ustedes me han preguntado porque soy tan selectivo en los productos que compro y en particular en lo que como. En realidad es una consecuencia lógica de lo que he estudiado, recuerden, soy biólogo.

Como todo en la vida, creo que hay que ser muy responsable de lo que se hace, y la comida no es asunto menor, porque está en juego nuestra salud, y no debemos perder de vista que muchas empresas literalmente les vale poner conservadores, emulsificantes, colorantes y toda clase de aditivos que, más allá de aumentar la calidad del producto o extender su tiempo de estantería (es decir el tiempo que puede estar en exhibición o en almacenes), les importa mucho reducir costos y aumentar sus ganancias.

Soy un convencido del poder del consumidor. La receta es simple: nadie puede producir lo que nadie está dispuesto a comprar. Si en lugar de comprar por costumbre o por influencia de la publicidad lo hiciéramos como parte de una decisión consciente, sabiendo el origen y la manufactura, seguramente que elegiríamos mejor.

Para que entiendan a lo que me refiero, pongamos un caso en particular. Si ustedes compran cualquier producto lácteo, pero en particular flanes o cremas industrializadas, supongo que se han dado el tiempo de leer lo que mañosamente con letras pequeñitas dice en la lista de ingredientes. Justo ahorita tengo aquí a la mano un bote de crema que dice: “Ingredientes: crema de leche de vaca con 15% de grasa, ácido cítrico, goma guar, goma de algarrobo, alginato de sodio, citrato trisódico y carragenina”. Seguramente qué pensarán “que hueva leer todo eso”, y ahí está el detalle, donde los fabricantes se aprovechan de nuestra falta de interés. Primero hagamos una pregunta ¿todos esos compuestos químicos son necesarios para contar con una crema de leche de vaca de calidad (que aguante sin echarse a perder a la primera de cambios)?, y de ser cierto, ¿me he ocupado de investigar para que sirve cada cosa que le ponen  aparte de la leche?, o ya de menos, ¿he hablado a la empresa para pedir esa información?

Y no quiero echarles a perder su comida, pero para ahorrar espacio, digamos que yo si me he tomado el tiempo de investigar, y en el caso de este botecito de crema, lo único que me deja con desconfianza es que le pongan carragenina.

La carragenina es una goma hidrófila (se disuelve en agua), prácticamente sin olor, pero sobre todo, de buena retentividad acuosa. Supongo que por eso la utilizan, porque permite que la consistencia de la crema sea agradable al consumidor, es decir, que no se separen los sólidos del suero mientras dura la caducidad, y posiblemente porque se necesita menos leche para hacer mas crema. Pero todo tiene su lado oscuro, leyendo algunos reportes científicos, me encontré que la mentada carragenina ha sido identificada como un agente mutageno, es decir, que potencialmente puede desarrollar células cencerosas.

Por eso, creo que seguiré comiendo crema de rancho, de productores locales y de vacas de libre pastoreo. Seguramente que no será de la consistencia o sabor que la crema industrial, seguramente sera un poco mas cara, y es mas probable que tenga más calorías (en pocas palabras, a ponerle menos crema a mis tacos), pero prefiero eso a comer algo que se sabe, puede afectar mi salud.

Conclusión: Yo no me espanto ni estoy en contra de que las empresas le pongan lo que quieran a lo que venden, pero como consumidor, si exijo conocer lo que puede ponerme en riesgo, para que sea mi decisión si lo consumo o no.

Los dejo, me voy a hacer un taquito de crema con sal…

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