Yo canto, tu cantas, el canta, nosotros cantamos… ¡Todos cantan! Aunque sea en la regadera, pero a todos los humanos nos gusta cantar. Algunos te cantan un tiro, o lo que es lo mismo, te retan a los golpes. Algunos cantan sólo el himno y eso porque los obligan. Otros son cantantes de clóset, unos más lo son sólo en el bar o en las fiestas donde exista un karaoke, y pocos, realmente muy pocos, viven de eso. Pero me pregunto, ¿dónde inicia la pasión por el canto? ¿Será a caso el afán de imitar a quienes vemos cantar? o será un gen dominante que se expresa sin regodeos a la menor provocación. No lo sé. El caso es que los mexicanos somos gente de canto, y vaya que hasta tenemos a Ernesto Canto (quien ganó una medalla de oro en las Olimpiadas del 84′). Lo que sí, es que en mi pulular por las aulas de secundaria y prepa, me he topado con verdaderos aspirantes a la carrera artística: alumnos y alumnas que entonan canciones de moda o viejitas, lo mismo en inglés que en su lengua materna, incluso en idiomas desconocidos, y que lo hacen cual si la regadera no les hubiera dado el espacio ni el tiempo suficiente, aunque en realidad, creo que la razón de su canto es la necesidad del reconocimiento público que caracteriza a los adolescentes, de gritar al mundo ¡Aquí estoy! Algunos hacen halagos de su voz retomando su bolígrafo o su lápiz cual micrófono de alta fidelidad. A veces, agregan tambores y platillos de aire o guitarras invisibles, el caso es que yo me pregunto ¿qué diablos estoy enseñando a mentes que en ese instante están imaginándose en medio de un teatro o enfrente de una cámara de televisión? No lo sé, creo que ellos se hacen y yo, de corbata, también. Pero quizás el nuevo ídolo de la canción juvenil, la próxima estrella pop o el nuevo ídolo ranchero sea ahora parte de mis pupilos. Por cierto, Luis Miguel o Shakira, Mijares o Thalía, Pavaroti o Ramazzoti, Las León (Laura o Eugenia) que sólo la primera canta bien fregón, Los Timbirichos, Los Parchis, Los Menudo, Los Maná, Los RBD, ¿habrán sido alumnos así? En fin, sólo espero que si alguno de mis estudiantes llegan a ser de los pocos que canten y cobren por ello, tenga el gusto de darme su autógrafo, dedicarme su primer disco o al menos, de incluirme en sus memorias. Por ahora, sigamos cantando, que a mi no se me da tan mal aunque obvio no me pagan por eso.

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